De Dinamarca hasta la India y vuelta con AIESEC
La mayoría de nosotros soñamos con viajar a países extranjeros para llegar a conocer nuevas culturas, probar nuevas experiencias y lo más importante conocer gente nueva.
Tengo que admitir, que yo he vivido todo eso, y mejor aún, lo sigo viviendo. Viajar siempre ha sido una de mis principales aficiones, la curiosidad por conocer nuevos países nunca se acaba. Gracias a esta “curiosidad” hace un año decidí embárcame en la que está siendo la mejor aventura de mi vida, mudarme a Dinamarca, donde empecé a vivir un poco desde el principio. Todo era diferente, nuevos amigos, nuevo entorno, todo era nuevo, maravilloso. Seis meses más tarde, decidí que era el momento de ir un nivel más allá, y participar en la organización AIESEC en VIA University, que dio un giro inesperado a mi vida.

Mi primera conferencia en la ciudad danesa de Odense.
Recuerdo con alegría mis primeras conferencias, seminarios y reuniones. No podía creer todo lo que AIESEC estaba haciendo por mí, sin duda era totalmente inspirador.
Mi primera conferencia me llevó a darme cuenta de lo que quería para mi futuro. AIESEC y mi equipo de la universidad se ha convertido en parte de mi historia – la historia de cómo una mujer joven empieza a ser curiosa, abierta y deja de lado el miedo por probar cosas nuevas. Gracias a AIESEC, tuve y todavía tengo la oportunidad de servir como inspiración no solo a mis amigos sino también a gente de todo el mundo para ayudarles a mentalizarse de que tienen que ir más allá y cumplir sus sueños y metas.
Además, me encontré con mi actual amiga Megan, una persona tremendamente inspiradora, para mí y para todo el equipo. Hace dos años, gracias a un Voluntario Global fue a la India para ser voluntaria en prácticas, donde participó en la investigación sobre el medio ambiente. La mejor decisión que jamás ha tomado, así lo describe.
Junto con otros voluntarios y pasó cinco semanas en una pequeña ciudad Hampii, situada en el sureste de la India, donde le enseñaron a estudiar la situación local y a concienciar a los niños sobre de los problemas de separación de residuos (que, según lo describe, no era fácil, aparentemente para ellos la calle es como una gran papelera pública.

Una de las principales ventajas de viajar con AIESEC es que tienes un coordinador que te ayuda con todo lo que lo necesites.
Esta experiencia le sirvió para enriquecer su alma, y para destacar entre los demás en una entrevista de trabajo. Este viaje no sólo había afectar su desarrollo personal, sino también contribuyó a mejorar las habilidades de comunicación – entre otras cosas porque hay que tratar no sólo con una nueva cultura, sino también con diferentes idiomas.

Megan, gracias a su experiencia encontró trabajo en una empresa danesa, Trendhim, donde se encarga de la comunicación con los clientes de Polonia.
Gracias a ella, tengo absoluta certeza de que después de completar mis estudios universitarios, emprenderé una aventura de este estilo. Sin duda siempre había pensado en algún programa en América del Sur, donde AIESEC tiene millones de programas, pero debido a Megan y lo bien que habla de la comida india, sin duda me decantaré por la India. ¡Veremos cómo va!
Sara López, estudiante universitaria en Dinamarca.




de nombre Kluczbork. En esta ciudad, que al ser pequeña es casi desconocida en el extranjero (y además por tener un nombre casi impronunciable para hispanohablantes)es donde se encuentra la empresa donde trabajo. La empresa, de un tamaño considerable (200 empleados) fabrica ropa de trabajo y exporta el género a varios países europeos. Yo soy el representante de ventas para España, donde tienen un mercado pequeño pero creciente.






Tras pasar entrevistas y todo el papeleo inicial, y después de un arduo viaje en el que mi vuelo se retrasó 10 horas (si es posible, evitad viajar con AirEuropa, fue un verdadero suplicio), llegué a Aracaju, una acogedora y preciosa ciudad (todos los adjetivos que le pueda atribuir se quedan francamente cortos), capital del estado de Sergipe, uno de los estados más pequeños de Brasil situado en el noreste del país. Aunque no hubo mucha gente en mi recepción en el aeropuerto, ya que el retraso del vuelo provocó que aterrizase en Aracaju a la 1 de la madrugada (y en un día de ferias en la ciudad), me alegré de haber llegado por fin a mi desino. Nunca me olvidaré de la bocanada de brisa cálida y húmeda con sabor a mar que me batió en la cara nada más bajar del avión, y que me hizo sentir lleno de ilusión por la experiencia que comenzaba.
Al final tuve mis aciertos y mis fallos, pero todo forma parte de mi experiencia y he aprendido mucho. Esta experiencia me proporcionó oportunidades para desarrollar habilidades y competencias profesionales y además me enseñó el valor de la enseñanza y lo importante que es en este mundo. Sigo en contacto con muchas personas, tanto personal de AIESEC como alumnos, y, como no, con mi querida familia brasileña que me abrió los brazos y las puertas de su casa de par en par para acogerme. Siempre llevaré a todas las personas que conocí durante esta experiencia en mi mente y en mi corazón, y, sinceramente, espero volver pronto para volver a verlos de nuevo y, quién sabe, a lo mejor para quedarme.
inal”, como si llegásemos…¿a dónde? ¿A dónde llegamos? A un lugar, a una ciudad, a una casa con nombre propio, pero, ¿de verdad estamos allí? ¿O seguimos donde está nuestro pensamiento? Y, si es así, ¿se puede estar en más de un lugar a la vez? ¿En cuántos?



Hace un mes que volví a España, y todavía me emociono cuando hablo de mis días en Nairobi. Hay tantas cosas que podría contar, pero muy pocas que pueda transmitir. Una de las cosas más duras por las que he tenido que pasar con esta experiencia, ha sido descubrir la ignorancia en mi propio país sobre la realidad del mundo. Lo más duro no ha sido las toneladas de basura en las calles, ver a bebes abandonados llorando y comiendo maíz podrido del suelo mientras su padre yacía borracho unos cuantos metros más allá, ver a un bebe de 18 meses muerto en una cama durante 2 días porque los padres no tenían 20$ para enterrarlo, consolar a una niña repudiada en el cole porque su madre le transmitió VIH al nacer, dar clase en una habitación de 4 metros cuadrados con 40 alumnos dentro.











