De Dinamarca hasta la India y vuelta con AIESEC

La mayoría de nosotros soñamos con viajar a países extranjeros para llegar a conocer nuevas culturas, probar nuevas experiencias y lo más importante conocer gente nueva.

 

Tengo que admitir, que yo he vivido todo eso, y mejor aún, lo sigo viviendo.  Viajar siempre ha sido una de mis principales aficiones, la curiosidad por conocer nuevos países nunca se acaba. Gracias a esta “curiosidad” hace un año decidí embárcame en la que está siendo la mejor aventura de mi vida, mudarme a Dinamarca, donde empecé a vivir un poco desde el principio. Todo era diferente, nuevos amigos, nuevo entorno, todo era nuevo, maravilloso. Seis meses más tarde, decidí que era el momento de ir un nivel más allá, y participar en la organización AIESEC en VIA University, que dio un giro inesperado a mi vida.

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Mi primera conferencia en la ciudad danesa de Odense.

Recuerdo con alegría mis primeras conferencias, seminarios y reuniones. No podía creer todo lo que AIESEC estaba haciendo por mí, sin duda era totalmente inspirador.

Mi primera conferencia me llevó a darme cuenta de lo que quería para mi futuro. AIESEC y mi equipo de la universidad se ha convertido en parte de mi historia – la historia de cómo una mujer joven empieza a ser curiosa, abierta y deja de lado el miedo por probar cosas nuevas. Gracias a AIESEC, tuve y todavía tengo la oportunidad de servir como inspiración no solo a mis amigos sino también a gente de todo el mundo para ayudarles a mentalizarse de que tienen que ir más allá y cumplir sus sueños y metas.

Además, me encontré con mi actual amiga Megan, una persona tremendamente inspiradora, para mí y para todo el equipo. Hace dos años, gracias a un Voluntario Global fue a la India para ser voluntaria en prácticas, donde participó en la investigación sobre el medio ambiente. La mejor decisión que jamás ha tomado, así lo describe.

Junto con otros voluntarios y pasó cinco semanas en una pequeña ciudad Hampii, situada en el sureste de la India, donde le enseñaron a estudiar la situación local y a concienciar a los niños sobre de los problemas de separación de residuos (que, según lo describe, no era fácil, aparentemente para ellos la calle es como una gran papelera pública.

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Una de las principales ventajas de viajar con AIESEC es que tienes un coordinador que te ayuda con todo lo que lo necesites.

Esta experiencia le sirvió para enriquecer su alma, y para destacar entre los demás en una entrevista de trabajo. Este viaje no sólo había afectar su desarrollo personal, sino también contribuyó a mejorar las habilidades de comunicación – entre otras cosas porque hay que tratar no sólo con una nueva cultura, sino también con diferentes idiomas.

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Megan, gracias a su experiencia encontró trabajo en una empresa danesa, Trendhim, donde se encarga de la comunicación con los clientes de Polonia.

Gracias a ella, tengo absoluta certeza de que después de completar mis estudios universitarios, emprenderé una aventura de este estilo. Sin duda siempre había pensado en algún programa en América del Sur, donde AIESEC tiene millones de programas, pero debido a Megan y lo bien que habla de la comida india, sin duda me decantaré por la India. ¡Veremos cómo va!

 

Sara López, estudiante universitaria en Dinamarca.

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Mi experiencia de Global Talent en Kluczbork, Polonia

by Mario, 25, Universidad de Ovideo


Mi nombre es Mario Mayora Sánchez y tengo 25 años.  Gracias a la mediación de AIESEC empecé a trabajar desde septiembre del año pasado en una pequeña ciudad polaca Poland Testimony Mapde nombre Kluczbork. En esta ciudad, que al ser pequeña es casi desconocida en el extranjero (y además por tener un nombre casi impronunciable para hispanohablantes)es donde se encuentra la empresa donde trabajo. La empresa, de un tamaño considerable (200 empleados) fabrica ropa de trabajo y exporta el género a varios países europeos. Yo soy el representante de ventas para España, donde tienen un mercado pequeño pero creciente.

Como mis estudios no están relacionados con el sector en el que estoy trabajando y además mi experiencia laboral era escasa al llegar, tuve que esforzarme por aprender desde un principio, entre otras cosas:  estudiar el género para conocerlo al dedillo (todo representante de ventas tiene que saber qué vende) leer sobre técnicas de venta y de trato al cliente, aprender a utilizar las aplicaciones digitales que ayudan a nuestro desempeño, esforzarme en mi inglés para tratar con mis compañeros (y para algunos, el polaco) o tener una disciplina de trabajo que en la universidad no se enseña.  La inexperiencia costó ciertos errores al principio, no graves, si bien ahora puedo afirmar sin dudas que en este tiempo ha mejorado mucho. 

Kluczbork es una pequeña ciudad residencial de 25.000 habitantes, sin turismo, sin universidad y a 50 km del centro urbano importante más cercano. Residir en un sitio así tiene evidentes desventajas frente a las grandes ciudades: poca gente joven, menos ” movimiento” en general (en invierno por la tarde parece una ciudad fantasma) y, algo muy importante, que muchos residentes no hablan inglés… esta circunstancia hizo mis inicios bastante complicados, al no poder comunicarme con casi nadie en la vida cotidiana -y que además el polaco es una lengua extremadamente difícil-  Source: https://c1.staticflickr.com/4/3672/14097523708_6d51ac04f9_b.jpg

Pero tiene también cosas buenas: más tranquilidad, todo lo necesario para la vida está cerca y, además, algo que a mí personalmente me encanta, y es que vivir aquí es vivir en la auténtica Polonia. En cualquier ciudad grande de Polonia, sobre todo Cracovia o Breslavia que tan de moda están para estudiantes y gente joven en general, todo extranjero pasa ya desapercibido. No ocurre lo mismo en Kluczbork, donde soy la nota exótica (no exagero al decirlo) y me consideran alguien especial. Ahora tengo mucha gente que me aprecia, en gran medida, supongo, porque desde el primer momento respeté la cultura y tradiciones nacionales de los polacos , y también porque me esforcé por aprender el idioma, aunque sea a nivel básico. Lo valoran muchísimo y a cambio muchos te tratarán como a un amigo de toda la vida.

Para concluir estas breves líneas, diré que no me arrepiento lo más mínimo de haber escogido este rumbo, a pesar de no pocos problemas que he tenido. Gracias a AIESEC he comenzado a forjar mi vida laboral. Hasta el momento era un ni-ni de libro, sin trabajar y ni siquiera estudiar durante un largo tiempo. Cómodo, sin sobresaltos, sí, pero también sin ambiciones, mientras los meses y los años pasan sin novedad.  Llega un momento en el que hay que coger el toro por los cuernos, echarle valor y salir al campo de batalla que es la vida.

Al fin y al cabo, a día de hoy la tecnología nos ofrece innumerables ventajas que nuestros abuelos no podrían ni haber soñado en sus días, y gran parte de ellos también viajaron para prosperar, con final feliz en la mayoría. En el año 2017 no es ningún drama separarse de los tuyos, siempre podrás volver.

 


Mario is on exchange through AIESEC in Galicia. 

Eslovaquia, una aventura inesperada

by Pablo Sanchez, 21, Madrid


¿Si tuvieses la oportunidad de irte la próxima semana a un país que desconoces, lo harías?

Era una tarde de finales de junio cuándo recibí un email: Pablo, se ha abierto una oportunidad en Bratislava, ¿quieres ir?. Para ser sincero mi primera reacción fue buscar dónde quedaba Bratislava.. Eslovaquia me sonaba a Checoslovaquia, y a la famosa película Hostel. Además, había una sorpresa aún más interesante: el proyecto empezaba en 8 días, el 4 de julio.

En ese momento frente al ordenador habían dos Pablo, el temeroso que veía la comodidad de casa –mientras revisaba la cartera-. Y el aventurero que se imaginaba frente al Danubio conociendo –lo que para él- era un mundo nuevo. Tomé un respiro, investigué más sobre el proyecto y  al rato tomé mi decisión: apliqué.

S_SDG_Icons-01-04¿De que iba el proyecto? Cada una de las oportunidades de AIESEC se hacen acorde a alguno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Mi proyecto llevaba por nombre Me, Myself and I; y se subscribía al de Educación de Calidad.

En el mismo participamos jóvenes que estamos o hemos experimentado la vida universitaria, junto a adolecentes eslovacos que están cursando los últimos años de bachillerato. Todos hemos pasado por esa edad y hemos vivido los mismos miedos: ¿qué voy a estudiar?, ¿podré vivir de eso?, ¿cuento con el apoyo de mis padres?.

El proyecto duraría 6 semanas; 2 semanas para que nosotros pudiésemos conocer mejor el lugar y para poder prepararnos para las presentaciones y actividades con los estudiantes. Las 2 semanas siguientes compartiríamos con un grupo, y luego otras 2 con otro, cada grupo contaba con un aproximado de 15 chicos. Cada día teníamos diversos temas a impartir: sobre valores, emprendimiento, decisiones importantes –carrera universitaria/trabajo- y realizar actividades que les transmitieran conocimientos de relevancia para conseguir los objetivos: mi favorito fue cuando hicimos marshmallow tower, al final de la actividad cada uno descubrió su rol dentro del equipo y las características de su liderazgo. Diciéndolo así, pareciera que nosotros éramos los maestros y ellos los alumnos; en parte sí, pero también he de admitir que fue bastante lo que aprendimos de cada uno de ellos, y de nosotros mismos.

Si tú también anhelas vivir una experiencia parecida, o mejor; tengo un par de sugerencias para ti:

  1. Lo primero es conocer tus limitaciones: en la juventud, el exceso de energía es directamente proporcional a la falta dinero. De antemano sabía que tenia que escoger un destino dónde los billetes de avión fuesen relativamente económicos, y que los gastos de turisteo no fuesen tan elevados. Además, me encontraba a finales de junio, si quería hacer algo en verano tenia que apresurarme, pues tiempo no era algo que me sobraba; visas y vacunas estaban descartadas. Después de sacar cuentas quedaba más claro: mi destino estaba cerca, en Europa central o del este.
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  2. No olvidar la principal razón por qué lo haces: aportar tu granito de arena por un mundo mejor, y si puedes pasártelo bien en el camino, mejor todavía.
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  3. No cerrarte a un sólo lugar: mi primera opción había sido Polonia; pero, por desgracia y fortuna a la vez, ya habían aplicado muchas personas antes que yo, por lo que no pudo ser. Al final terminé yendo a Eslovaquia, y el balance es netamente positivo. De hecho, fue mejor de lo esperado: hice muchos amigos, descubrí una nueva cultura –ahora estoy aprendiendo el idioma-, conocí a una chica estupenda, y hasta encontré el tema que posiblemente desarrollaré para mi TFG. Pero por sobretodo, logré el objetivo que me había planteado: usar mi tiempo libre para un objetivo noble y gratificante.
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Esta es mi historia de cómo algo que parecía una locura se convirtió en una de las experiencias mas grandiosas de mi vida. Te invito a que tomes la valentía y consigas la tuya.

 


Pablo is an AIESEC exchange participant from Madrid. He went on a Global Volunteer project, “Me, Myself, and I”, in Bratislava, Slovakia. 

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Un “gringo” en Brasil

by Miguel Quintanilla, 20


¡Muy buenas! Me llamo Miguel y soy estudiante del Grado de Traducción e Interpretación en la Universidad de Granada. Hace dos años, durante mi Erasmus en Reino Unido, gracias a unos amigos brasileños conocí AIESEC y la labor que desempeña en el mundo, así como las oportunidades que ofrece para estudiantes como yo. Me llamó tanto la atención que decidí que, cuando regresase a España, me iba a poner en contacto con la oficina de AIESEC en Granada, y así lo hice.

Mis amigos, que eran miembros de AIESEC en sus respectivas ciudades, me informaron de la gran variedad de programas que se ofrecen en Brasil. Desde este momento, me llamó la atención el programa X4Change, un proyecto centrado en la educación y consiste en proporcionar cursos gratuitos de una lengua (en mi caso impartí clases de inglés) de una manera dinámica y amena para personas que no tienen o no les es posible en acceso a una educación de calidad (ya que los cursos de idioma en Brasil son bastante costosos). Así, decidí que quería realizar este voluntariado y me puse en contacto con AIESEC Granada.

img-20160803-wa0009Tras pasar entrevistas y todo el papeleo inicial, y después de un arduo viaje en el que mi vuelo se retrasó 10 horas (si es posible, evitad viajar con AirEuropa, fue un verdadero suplicio), llegué a Aracaju, una acogedora y preciosa ciudad (todos los adjetivos que le pueda atribuir se quedan francamente cortos), capital del estado de Sergipe, uno de los estados más pequeños de Brasil situado en el noreste del país. Aunque no hubo mucha gente en mi recepción en el aeropuerto, ya que el retraso del vuelo provocó que aterrizase en Aracaju a la 1 de la madrugada (y en un día de ferias en la ciudad), me alegré de haber llegado por fin a mi desino. Nunca me olvidaré de la bocanada de brisa cálida y húmeda con sabor a mar que me batió en la cara nada más bajar del avión, y que me hizo sentir lleno de ilusión por la experiencia que comenzaba.
Pronto empecé a conocer gente, también conseguí reencontrarme con algunos amigos de mi Erasmus, y fue a través de esa gente que comencé a familiarizarme con la cultura de Sergipe y de Brasil. Desde el “forró” hasta las “quadilhas”, desde el “cuscuz nordestinho” hasta la “feijoada”, desde la “goiaba” hasta el “cajú”, desde el alma con la que se vivían las Olimpiadas hasta el carácter amable y cariñoso de la familia brasileña que me acogió y de mis alumnos y personal coordinador… Me faltan las palabras para describir lo impresionante que fue conocer esta cultura y la huella que han dejado toda esta gente en mi vida.

Y no solo ellos me aportaron valores y conocimientos a mí, sino que yo también intenté marcar la diferencia, llevándome mi cultura y mis conocimientos sobre otras culturas y compartiéndolos desde el respeto mutuo y la confianza, intentando provocar un debate constructivo que hiciera pensar. Esto fue una de las metas que me marqué a la hora de impartir clase de inglés. Yo no quería que los cursos se limitasen a un mero aprendizaje de la lengua, sino que mi objetivo final era que aquellas personas que estaban en situaciones difíciles desarrollaran un pensamiento crítico sobre el mundo, a la vez que me veían a mí como un espejo de otra cultura. Yo, que nací en un pueblo de 230 habitantes donde no se auguraba ningún futuro, decidí marcharme de allí y emprender un camino de superación, y la vida me llevó en aquel momento a darle clase a que se encontraban en una situación similar. Si yo pude salir de aquel pueblo y estar allí en Brasil en aquel momento, ¿por qué ellos no?

img-20160819-wa0028Al final tuve mis aciertos y mis fallos, pero todo forma parte de mi experiencia y he aprendido mucho. Esta experiencia me proporcionó oportunidades para desarrollar habilidades y competencias profesionales y además me enseñó el valor de la enseñanza y lo importante que es en este mundo. Sigo en contacto con muchas personas, tanto personal de AIESEC como alumnos, y, como no, con mi querida familia brasileña que me abrió los brazos y las puertas de su casa de par en par para acogerme. Siempre llevaré a todas las personas que conocí durante esta experiencia en mi mente y en mi corazón, y, sinceramente, espero volver pronto para volver a verlos de nuevo y, quién sabe, a lo mejor para quedarme.


Miguel is an AIESEC exchange participant from Granada. He went on a Global Volunteer project, X4 Change, in Aracaju, Brazil. 

Reflexión final: ¿Cómo le explicamos a alguien lo que hemos vivido en 6 semanas?

by Valeria Pasarín Linares, 23


Hay tantos momentos que recordaré de por vida que no sé ni por dónde empezar.

Como siempre, en los buses, en los aviones, florecen los pensamientos más que nunca. A uno le sigue el
otro y así hasta llegar al que se le da en llamar “destino final”.

Me gracioso, ¿no?…”destino fphoto-1453825517242-1a1527bf0a39inal”, como si llegásemos…¿a dónde? ¿A dónde llegamos? A un lugar, a una ciudad, a una casa con nombre propio, pero, ¿de verdad estamos allí? ¿O seguimos donde está nuestro pensamiento? Y, si es así, ¿se puede estar en más de un lugar a la vez? ¿En cuántos?

Escribir. Es lo que nos queda para intentar sacar afuera todo lo que sentimos antes de que nos coma y nos devore por dentro.

Escribir todo aquello que no le podemos contar a nadie, todo aquello que nadie entendería.

¿Cómo le explicamos a alguien lo que hemos vivido en 6 semanas?

¿Cómo le explico a alguien que he sido la persona más feliz, y, a la vez la más desgraciada del mundo en el mismo tiempo y en la misma ciudad?

¿Cómo le hago entender a alguien que he sido la persona más humana y generosa siendo voluntaria en un país que no resiste, y que a la vez fui la persona más consumista, a sabiendas de que todo aquello que compraba seguramente fuese fruto de la explotación infantil a la que se veían sometidos miles de niños y niñas exactamente iguales que los míos, solamente un poco más desgraciados, en un lugar que hace que te explote la cabeza?

Niños iguales que Vishal, que Safia, que Shifa, que Shika, que Alisha, que Ayan, que cualquiera de los niños que amé y abracé estas 6 semanas como si fuesen mis hijos.

¿Cómo le explico a alguien que he llegado a querer a estos niños muchísimo más que a muchos miembros de mi familia y amigos?

¿¡Cómo!?

Por favor, que alguien me ayude a saber cómo pasar página. Cómo se vive en la vieja Europa centrándonos

en nuestro propio ombligo después de ver a personas muriéndose en la calle como si fuesen perros, mientras la gente pasa, de ser necesario incluso por encima de ellos, con indiferencia. A niños completamente desnutridos. A gente gastando dinero en frivolidades, entre la que me incluyo, mientras veíamos a familias enteras, a comunidades enteras, viviendo en la calle o debajo de puentes. Literalmente.

Y hablo de forma literal, por mucho que me joda y me duela vivir en un mundo en el que la mayor ambición de algunos es el dinero, mientras que otros sólo pueden pensar en si conseguirán comer, día tras día. La realidad de este país es ya demasiado dura como para encrudecerla todavía más.

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He dormido 3 horas hoy, nada más, y, sin embargo, no soy capaz de conciliar el sueño ahora que estamos en el avión.

4:30 horas quedan todavía para llegar, y mientras el 90% de los pasajeros intenta dormirse, ver alguna que otra película o simplemente charlar con el que tienen al lado, yo tengo la sensación de ser la única loca a quien su cabeza no le permite descansar un momento. Y cada vez parece que va más rápido, que se aceleran mis pensamientos hasta el punto de que me cuesta no entrar en un pensamiento desenfrenado que me lleve hasta la locura.

Siento una desconexión total del mundo. Siento que no, que simplemente no. Que no puedo vivir como si nada pasase, pero que tampoco puedo hacer nada. Que nunca seré completamente feliz, que por mucho que haga, nunca me liberaré de este cargo de conciencia: pude haberle comprado comida a muchos más niños de la calle.

Por Dios, ¿¡cuánto no habré gastado en mierdas varias!? ¿¡Cuánto no nos habremos gastado en beber!? ¿Cuántas caras de felicidad más no hubiese podido ver si hubiese sido capaz de tomar la determinación de involucrarme en algún proyecto más?

La gena de mi mano que desaparecerá en 2 días, 200 rupias. ¿Para qué? ¿Para presumir? Para formar parte de este mundo capitalista y totalmente deshumanizado en el que vivimos. Mundo de mierda, joder.

Mundo en el que una niña por nacer en un lugar u otro tendrá una vida totalmente diferente. Mundo que
acepta las desigualdades sociales, la muerte de niños, las violaciones de niñas, la trata de blancas, la explotación infantil y no infantil. Mundo que acepta que probablemente Safia se vea obligada a casarse con algún imbécil de Nangloi y a quedarse en casa. Encadenada sin cadenas. Negándosele la posibilidad de explotar su potencial, de realizarse como persona, de hacer algo por los demás, de cumplir su sueño de una niña de 5 años de ser policía para poder defenderse de su primo que le pega.

Mundo de mierda. Mundo de mierda en el que todo se acepta. En el que la humanidad se ha contentado y conformado con lo que hay. Nos hemos rendido. Efectivamente señores, la humanidad se ha rendido. Nos han mandado tirar las armas y poner las manos en alto y lo hemos hecho. Hemos entregado el poder del pueblo. Hemos entregado la conciencia humana de toda ética y moral. Hemos renunciado a un sueño que parece que nunca ha existido, el de ser todos iguales: simplemente humanos. De olvidarnos de títulos y etiquetas. De que nos parezca normal que un señor se sorprenda cuando 3 extranjeras, a las que él simplemente por su color de piel respeta y considera superiores, le llaman “Sir” y le traten con educación, como igual a ellas que es, porque “no es nada” en este lugar.20150904_11382720150904_122145

Y pensar que toda esta rabia e impotencia no servirá de nada… que no seré yo la que sea capaz de hacer
nada por cambiar este mundo. Que me voy a dar de bruces contra toda estructura de poder establecida que, con tono jocoso, me dirá que lo mejor que puedo hacer es irme a casa y ponerme la tele en lugar de seguir dándome cabezazos contra algo que está demasiado aceptado y establecido como para poder ser yo, una “nadie” de los de Galeano, en
definitiva, la que vaya a lograr cambiar nada.

Pero, ¿y si hay más como yo por ahí? Ahora, ya que nos hemos animado a citar, citemos también a Frida Kalho, cuando decía que ahí afuera tenía que haber otra persona que se sintiese tan incomprendida como ella, pero que el mero hecho de saber que existía, ya le hacía sentirse mejor.

Y así es. Sueño y soñamos, porque no estoy sola, con que algún día encontremos a aquellos que hagan posible volver a ver esperanza. Esperanza e ilusión, eso es lo que necesitamos.

4:07 horas faltan ahora para llegar. Llegar, ¿a dónde?

No me apetece escribir más.


Valeria went on exchange in New Deli, India in the summer of 2015. She studied law at the University of Santiago. This was her reflection on her plane ride home from her AIESEC exchange.

La experiencia de una Muzungu

Victoria, 22


¿Cuántas veces habrás oído la expresión “que suerte tenemos”? Suerte de vivir donde vivimos, de tener lo que tenemos… Y la respuesta habitual suele ser “sí que es verdad”. Tras mi experiencia en Nairobi, Kenia, me pregunto cuantas personas serán realmente conscientes, en lo más profundo de su ser, de esa suerte que tienen. ¿cuántas personas son capaces de valorarla? ¿Y cuántas lo reflejan en sus acciones?

Decidí hacer un voluntariado en Kenia porque me di cuenta que en mi entorno hablaba mucho de los
países en vías de desarrollo, y que en realidad nunca había visitado uno. Bueno, perdón, nunca había “vivido” uno. Viajar como turista no tiene absolutamente nada que ver con vivir en un país, igual que no es lo mismo ver un mendigo en la calle que dormir con él una noche en la calle. Finalmente, elegí Kenia porque quería descubrir ese gran continente desconocido, África.

img_20160814_192620Hace un mes que volví a España, y todavía me emociono cuando hablo de mis días en Nairobi. Hay tantas cosas que podría contar, pero muy pocas que pueda transmitir. Una de las cosas más duras por las que he tenido que pasar con esta experiencia, ha sido descubrir la ignorancia en mi propio país sobre la realidad del mundo. Lo más duro no ha sido las toneladas de basura en las calles, ver a bebes abandonados llorando y comiendo maíz podrido del suelo mientras su padre yacía borracho unos cuantos metros más allá, ver a un bebe de 18 meses muerto en una cama durante 2 días porque los padres no tenían 20$ para enterrarlo, consolar a una niña repudiada en el cole porque su madre le transmitió VIH al nacer, dar clase en una habitación de 4 metros cuadrados con 40 alumnos dentro.

Lo más duro no ha sido la interminable lista de desgracias que he visto de cerca, lo más duro ha sido volver a España y darme cuenta que a mi sociedad le da igual. Mis anécdotas son “bromas de mal gusto” que olvidan rápido para seguir con sus confortables vidas.

Eh, ¡pero no os quedéis con mal sabor de boca! Dejad que os cuente lo que realmente mi sociedad se pierde: un grupo de voluntarios locales concienciando a la comunidad del peligro que supone la basura para la salud; a una vecina recogiendo al bebe de la calle para darle de comer junto a sus hijo; a un conjunto de vecinos donando el dinero de su almuerzo para enterrar al bebe difunto; a un grupo de mujeres con VIH trabajar unidas para reducir el riesgo de contagio en la comunidad; a 40 alumnos mirándote con los ojos como platos mientras les explicas que España es un país que está en Europa.img_20160725_092541

Se pierde también la esencia de África, un continente que enamora. Naturaleza en estado puro, paisajes que inspiraron la película del Rey León. Una cultura y una variedad de lenguas que narran una historia emocionante. Las danzas, la artesanía, las comilonas familiares con decenas de personas, la deliciosa comida keniana, los partidos de fútbol con pelotas caseras.

He descubierto una sociedad que considera la felicidad como un estilo de vida. Me enseñaron a ser feliz con menos, a apreciar los detalles que nadie se para a ver. He tejido lazos con personas, más auténticos de los que me unen a muchos de los que considero mis amigos en mi día a día.
La mayor lección de mi viaje es que si quieres cambiar el mundo, tienes que conocerlo primero. Tienes que conocerlo, no verlo. Hay cosas que no se pueden contar, las tienes que vivir.

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Victoria is an independent blogger from Spain who went on a Global Volunteer Experience in Kenya. She believes that new experiences widen our knowledge and that learning never ends. Therefore, she is always seeking to learn new things in different areas. After her experience in Kenya, she knows certainly that her passion is international relations and sustainable development.

“Tranquila, en un mes estoy de vuelta”

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“Tranquila, en un mes estoy de vuelta” fue lo que le dije a mi madre para tranquilizarla cuando le conté que me iba de Erasmus durante 9 meses a Turquía. Y lo cierto es que lo pensaba.

Para mí, en aquel momento, me estaba yendo a un país con una cultura totalmente diferente a la nuestra y cargado de prejuicios. Prejuicios que me hacían pensar que la gente de allí no me gustaría, que no encajaría y que querría volver a España tan pronto pasase allí unos días.

De los casi 10 meses que he vivido en Turquía puedo asegurar que no hubo un día que me arrepintiese de haber ido o que quisiese volver. Todos mis prejuicios desaparecieron cuando me vi viviendo en un país que me hizo sentir como si fuese el mío propio, donde la gente te invita a su casa y te hace sentir como parte de su familia.

La experiencia comenzó ya en Santiago. Conocí a otros estudiantes de mi universidad que también iban a realizar su Erasmus en Eskisehir, ciudad situada en el centro de Turquía. Comenzamos a compartir inquietudes, dudas y emociones sobre la aventura que nos esperaba.

Recuerdo los primeros momentos como si hubiese sido ayer. Después de horas de avión, taxi y autobús llegamos a Eskisehir sobre las 6 de la mañana, apenas estaba amaneciendo. Bajamos del autobús delante de la entrada el campus, la calle estaba desierta. Mis compañeros enviaron mensajes a sus futuros compañeros que se habían ofrecido a venir a buscarles, ya que la universidad nos había buscado alojamiento previamente. Mi compañero de piso aún no estaba en la ciudad por lo que fui al piso de uno de los estudiantes de Santiago. Había sido un viaje largo y, aunque nos moríamos de ganas por conocer la ciudad, necesitábamos descansar.

Los primeros días fueron un cumulo de cosas nuevas. Desde no entender nada en la calle, ver a todo el mundo tomando té en cada esquina o el llamamiento al rezo de las mezquitas. Lo más normal del día a día se volvía nuevo para nosotros. Tareas cotidianas se convirtieron en aventuras. Conseguir encontrar algo parecido a salsa de tomate era una suerte, conseguir que te cortasen el pelo como tu querías era poco probable y conseguir que en el mercado te diesen la cantidad de fruta o verdura que pedías era todo un logro. Estos pequeños “problemas” son los que realmente te hacen ver la dificultad de estar fuera de tu ciudad, tu país, tu lengua y, en definitiva, fuera de tu zona de confort.

Luego vinieron los primeros días en la universidad. Intentar entender el horario, cambiar algunas clases, encontrar las aulas y, lo que más me asustaba, las clases en inglés. Hacía años que no estudiaba ni practicaba inglés y todas estas cosas, que pueden parecer sencillas, fueron todo un verdadero reto durante las primeras semanas. Pero intentándolo y con la ayuda de nuevos compañeros turcos, que mas tarde se convertirían en grandes amigos, esos problemas se convirtieron en tan solo anécdotas.

Pasaron los meses y ya siendo Enero llegó el que quizás fue el peor momento del Erasmus hasta la fecha. Pocos éramos los que nos quedábamos todo el año, la mayoría solo estaban por un cuatrimestre. Cuando vives una experiencia como el Erasmus todo se vive de una forma más intensa y como no, las relaciones personales también. En Eskisehir éramos pocos Erasmus si se compara con otros destinos europeos, apenas unos 150. Y, quizás por ser pocos, nos convertimos en poco tiempo en una familia. A finales de Enero comenzaron los “nos veremos en verano” y los “te iré a visitar” entre lágrimas. He de decir que en mi caso, por suerte, a muchos de mis amigos tanto turcos como Erasmus los he podido volver a ver aunque pasaran años desde que nos despedimos. Aunque el contacto no sea el mismo por la distancia el tener amigos y mantener la relación pese a ello es algo indescriptible. Cada vez que pienso en esto se me viene a la cabeza la siguiente cita: “You will never be completely at home again, because part of your heart always will be elsewhere. That is the price you pay for the richness of loving and knowing people in more than one place.”

Nuevos Erasmus vinieron, un semestre nuevo comenzó y el día a día, que siempre tenía algo nuevo de lo que aprender, continuaba. Entre viajes, fiestas, paseos por la ciudad y tés en los bares fue pasando el semestre llegó Junio, el mes de volver a casa. De nuevo, pero de forma diferente, empiezan las despedidas. Aquí no solo me despedía de buenos amigos que se marchaban, sino también de amigos que se quedaban y, no menos importante, de la ciudad que me había visto crecer como persona durante eses 10 meses que viví ahí.

No fue cuando me despedí de todo el mundo cuando me di cuenta que mi Erasmus había acabado. Fue cuando bajé del avión en Madrid, entre al aeropuerto y vi algo que nunca me había parecido raro ni me había llamado la atención, todo estaba escrito en castellano. Fue ahí donde me di cuenta de que estaba de vuelta, de que no había marcha atrás, estaba una vez más en España, mi aventura en Turquía se había acabado.

La vuelta fue un mix de emociones. Alegría por ver a familia y amigos. Tristeza por los amigos que tardaría en volver a ver y por la vida, ese día a día, que dejaba atrás. Echaba de menos a la gente, hablar en inglés todos los días, decir cuatro palabras en turco para pedir algo en un bar, probar comida nueva, descubrir aspectos sobre la cultura turca que no conocía. Cada día tenía algo nuevo, ahora todo era siempre igual, conocido, sin emoción.

Es cierto que vivir una experiencia así te cambia y cuando vuelves te das cuenta que nada ha cambiado, eres una persona diferente en el lugar de siempre. Cuando vuelves tienes dos opciones, lamentarte de que has vuelto y vivir recordando tu Erasmus constantemente o seguir aprendiendo y creciendo mientras disfrutas de lo que tienes y la gente que tienes contigo.

Personalmente opte por la segunda opción. El Erasmus me permitió conocer culturas que de las que no tenía ni idea, comunicarme con gente de diferentes países gracias al inglés, en definitiva, me abrió la mente y me permitió ver que el mundo está lleno de posibilidades que muchas veces no vemos.

Me uní ESN, la asociación de estudiantes que ayuda a los Erasmus que vienen a Santiago, participé en intercambios de idiomas, continué estudiante inglés y trate de participar en todas aquellas actividades que tenían un enfoqué internacional.

A día de hoy puedo decir que mi experiencia internacional cambió mi vida. Soy una persona mucho más abierta y proactiva de lo que era antes de haberme ido. Hoy estoy orgulloso de formar parte de AIESEC y contribuir a que otros jóvenes puedan vivir una experiencia similar a la que yo viví bien mediante un voluntariado internacional o unas prácticas en el extranjero.

Ángel Fraga Varela  –  AIESEC in Santiago de Compostela.

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Cómo entender a las personas sin saber hablar su idoma

Fer AIESEC

28 de junio de 2015. Destino: Cracovia, Polonia. Maleta y billete en mano. Seis semanas por delante en un país en el que no había estado nunca, trabajando en un entorno universitario en el que tampoco había colaborado antes y sobre todo, una oportunidad que se planteaba como un auténtico reto.

En ocasiones le pregunto a amigos y conocidos cuál sería el aspecto más duro al que se tendrían que enfrentar si viajaran al extranjero y la gran mayoría convergen en la misma problemática: el idioma.

Qué tan imprescindible supone compartir una misma lengua para poder comunicarse con los demás. Sin embargo, durante mi experiencia en Polonia comprendí que, sin conocer el mismo idioma, la comunicación es posible. Es posible gracias al lenguaje no verbal, porque un dedo meñique y un dedo pulgar alzados pueden suponer un “teléfono” tanto en España como en Polonia, porque podemos saludarnos, despedirnos, reírnos solamente con un simple gesto, porque la pasión por otra cultura despierta en nosotros un interés por aprender un vocabulario mínimo en ese nuevo idioma y así saber decir “gracias”, “por favor” o “perdón”.

Llevé mi maleta llena de miedos, miedos no poder comunicarme con los demás pero una vez allí me desprendí de esas barreras, finalmente absurdas, para rellenar mi equipaje de vuelta con una mayor seguridad en mi mismo, con un mayor entendimiento cultural, con la confianza de que no somos tan diferentes como pensamos.
Y eso, amigos, eso es una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida.

Fernando Arnejo – AIESEC Santiago de Compostela.

Viviendo con una familia Malaya

Alba. Storytelling

Este verano he realizado un voluntariado en Malaysia, en el norte del país, en una zona muy rural. Mi proyecto se llamaba “Learning Disabilities Center” y consistía en crear técnicas creativas para enseñar a niños de una minoría india, en un orfanato.

¿Lo que he descubierto? Que hay un click. Algo que te hace verlo todo de forma diferente. En el momento que pisé el aeropuerto de Penang mi vida giró 365 grados.

Choque cultural… mucho. Malaysia es un país donde las mujeres deben ir en vagones separados que los hombres, donde la religión musulmana es la mayoritaria(y en muchos sitios radical) donde los lagartos caen del techo encima de tu plato, donde por dos carriles circulan cuatro coches… pero en el que tu día a día esta lleno de sonrisas.

La hospitalidad es la reina del país, yo vivía con cinco voluntarios, en la casa de una familia, para los que éramos cinco hijos más. El matrimonio y sus cuatro hijos dormían en una habitación los seis juntos para que nosotros pudiéramos estar allí.

Cuando te despiertas con la risa de los niños desde la planta baja, cuando comes con las manos celebrando sus cumpleaños, cuando eres un hijo más en la casa de alguien, cuando todos los días oyes un “thank you teacher Alba”… es cuando realmente descubres, que solo por eso, ha merecido la pena.

Mi experiencia la han construido cada una de las personas que han convivido y pasado un ratito conmigo, creces gracias a ellos, no solo la gente del país, sino los otros voluntarios que trabajan contigo. Diez culturas diferentes pueden convivir juntas, por mucho que encuentres siete religiones diversas o diez gustos diferentes… y ahí es donde hay más click, al darte cuenta que vivimos rodeados de prejuicios, porque por encima de todo, todos somos personas.

Cada experiencia es diferente, pero 100% segura que todas son para siempre: “Don’t cry because it’s over, smile because it happened.”

Gracias AIESEC por hacer esto posible.

Alba Arjona Castillo  –  AIESEC in Pompeu Fabra (Barcelona)

Una experiencia para toda la vida

Sonia. Storytelling

Mi historia comienza un 25 de Junio de 2015, decidí montarme en un avión rumbo a la pequeña Sicilia – Italia – en busca de un objetivo y una motivación para cambiar el rumbo de mi vida. Sinceramente, no esperaba que fuese así de literal.

Aterricé por la tarde, a eso de las 14.00 h o así y en un autobús me dirigí a la capital de Sicilia, Palermo. Allí me esperaban varios miembros del comité para darme la bienvenida y llevarme junto a otros voluntarios de diferentes proyectos de AIESEC. UNA GENTE ENCANTADORA Y MUY ATENTA y con quién hoy en día aún mantengo contacto con otro motivo sino de amistad. Aquellos que en un principio, iban a guiarte terminaron contigo en la cabeza de la dirección.

Mi proyecto de voluntariado consistía en la Cooperativo Sociale di San Marco, escuela/campamento de verano para niños que tenían problemas familiares. Mi semana labroal se basaba en viajes a la playa,a juegos con los nis niños, ahogadillas, competiciones, barbacoas en el campo, pesca y vueltas y vueltas en los toboganes del aquapark. ¿Quién dijo que había que sufrir?

Realmente fue impactante algunas de las situaciones que llegué a conocer, impactantes pero moralizadoras. Niños que no tienen nada en la vida y que sin embargo, la aprecian y se aferran a ella con muchas ganas y alegría. Me han enseñado mucho de la vida, me han abierto los ojos y gracias a eso, hoy en día valoro mucho más lo que tengo y lo que soy.

Mi alojamiento se basaba en una casa de acogida, con niños que por motivos legales no podían vivir con sus padres y he de decir, que al poco tiempo de estar allí, esos niños e convirtieron en “mis hermanos sicilianos”. Es increíble esa sensación de comodidad e integridad en una casa que no es la tuya y que gracias a esos niños y su confianza puesta en mí, logré sentirla.

Por otro lado, toda la gente de AIESEC y voluntariosformamos un buen “grupo”, de esos que temporalmente son inseparables y hacíamos de todo: salíamos a cenar, viajabamos por la isla (Siracusa, Agrigento, Cefalu,Petralia…), acudimos a un Global Village donde la canción cumpleaños feliz fue cantada en más de 8 idiomas, esos baños nocturnos en la playa sintiéndonos libres y felices y esas ganas que teníamos siempre de sonreír y conocer gente.

Las seis semanas que allí pasé fueron un no parar de experiencias y momentos que nunca olvidaré.

Desde las conversaciones con los niños en el trabajo,el cariño y los abrazos que ellos me daban y la ternura que se respiraba, hasta aquellas largas tardes en la playa, en el tren descubriendo hermosísimos lugares, todos los sabores de helados que mi paladar ha podido conocer, la mejor pizza del mundo (pizza nazionale,ñam ñam ), la comida siciliana. No olvidar ese “maravilloso” transporte público que pasa cada dos horas y como vayas con prisa… cada tres. Todo esto junto es ese matiz que marca la diferencia entre lo que esperas vivir y lo que sientes cuando lo vives.
No hay duda que un voluntariado es una experiencia que llena el alma,enriquece los sentimientos y aún así, te deja con ganas de más.Por eso iré en busca de un otro proyecto no dentro de mucho.

Sonia Ortiz Colodro  –  AIESEC in Granada

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Como Me Desafié Viviendo en Polonia

ST Alvaro - Polonia-01

Mi aventura en AIESEC es excitante al igual que inesperada.

Todo empezó el día que, por casualidad, conocí eso de “AIESEC”. Durante un congreso sobre Posibilidades de Empleo en el exterior, organizado por ellos mismos, me pregunté: ¿Qué era eso de AIESEC? Pronto supe que eran una asociación dedicada a intercambios en el extranjero mediante prácticas (profesionales o de voluntariado). Al mes, sin comerlo, ni beberlo, estaba poniendo rumbo a la que sería una de las mejores aventuras de mi vida: Polonia.

Llegué a Lublin (Poland) con la hiperactividad de un niño de 5 años, a la vez que cansado, dado que llevaba muchas horas sin descanso y un viaje interminable desde Kraków. Lo que más me impactó y no olvidaré jamás, es esa pancarta de bienvenida que portaba Karina, Dominika y compañía, acompañados por globos. Era como si ya me conociesen de toda la vida, y ese miedo que tenía a lo desconocido, a la incertidumbre, se desvaneció tras aquellos andenes de la estación de tren.

Lo siguiente fue conocer a las que serían mis dos nuevas compañeras de piso para mis dos primeras semanas en la ciudad. Patrycja y Karolina me trataron como a un polaco más (no solo por la cerveza y vodka que me ofrecían, sino también su cultura, su gente, su gastronomía…). Organizaron una fiesta de bienvenida y conocí a mucha gente. Uno de los problemas que aparecieron de repente fue la sensación de estar perdido, de no ser realmente yo en cuanto a la sociabilidad. El inglés era algo que me limitaba mucho a la hora de relacionarme, pero no tardé en espabilarme y sé que de no ser por esta experiencia, no me habría soltado tanto a la hora de hablar en inglés.

Y hasta aquí, ¿por qué razón estaba yo en Polonia?
Mi misión cambió completamente el primer día de clase. Mi labor consistía en dar clases a niños de 3 a 17 años en colegios de la zona. Mi docencia se basaba en el intercambio de cultura, idioma, tradiciones y costumbres de España. Pero me di cuenta de que mi misión, además de todo lo anterior, era dar felicidad, motivación a esos niños, y lo mejor fue que yo recibí más de lo que yo pude dar.

Esa sensación cuando te dabas cuenta de que impactabas tanto en ellos, esa sensación cuando disfrutabas con ellos, esa sensación cuando recibías el cariño de aquellos “pequeñajos” no tenía precio. Aclarar que yo me fui de voluntariado unas 7 semanas. Me daban la manutención, la estancia, y me pagaban el transporte. Yo no tenía un sueldo, pero mi trabajo lo cobraba con sonrisas, y una sonrisa de un niño es la mejor moneda de cambio que existe en el mundo.

Lo que más me alegraba de mi trabajo, además de disfrutar con los niños, era la facilidad que mi proyecto me daba de visitar colegios de otras ciudades y pueblos como Nowodwór, colegios OAZA de la zona de Chełm, Firlej…Era una forma fácil de viajar, visitar nuevos lugares y vivir nuevas aventuras. También decir que siempre trabajábamos en grupos de dos. Cada uno de una nacionalidad diferente. Mi grupo estaba compuesto por: Mo (USA), Sara (Túnez), Nataly (Ucrania), Hassan (Pakistán), Marko (Serbia), Simo (Marruecos), Destria (Indonesia) y Snow Yellow (China).

Viajar dos personas juntas y vivir 3-5 días en un sitio, era una forma de conocernos más. Uno de esos viajes, en concreto a Firlej fue donde descubrí al verdadero pueblo polaco y a gente maravillosa ( amigos para toda la vida). No hay ningún día que no sepa de ellos, o hable con ellos (gracias a las nuevas tecnologías). La gente era muy amable, acogedora, servicial, lo que viene siendo una gran comunidad. Me contaron que el pasado invierno hubo una serie de tormentas que destrozaron varias casas del pueblo, incluida la pequeña iglesia. Todos, absolutamente todos echaron una mano para arreglarlos. Cuando digo “echaron una mano” lo digo literalmente, trabajando en comunidad para solucionar ese problema y que este verano todo el mundo disfrutase de ese bello pueblo llamado Firlej.

Allí me di cuenta del potencial que tenía, y de que me gustaba mi trabajo. También porque los niños me ayudaron a realizar mi trabajo mas ameno. Además de que la acogida fue espectacular; Dawid y su hermana Patrycja me acogieron en su casa como a uno más de la familia. La ayuda de Paweł y Kasia en clase me sirvió de mucho e hice las clases más amenas. Muchos de mis compañeros daban clase y poco más. Yo intentaba llevarlo al aprendizaje interactivo, con juegos para que a la vez que se divertían, aprendían.

Y como olvidarme de AIESEC Lublin: gente muy comprometida, la cual nos enseñó a como trabajar y vivir allí, además de enseñarnos a ser amigos para siempre. Nombrar a mi buddy Justyna que me hizo las cosas muy fáciles allí, a Damian por enseñarme palabras más serias en polaco, a los gemelos por despertarme por las mañanas para que no perdiese el bus, las Dominikas, Karina, Karolina, Kinga, Krzysiek, Maciej, Milena, Sandra, y muchos más. No me olvido de vosotros. Siempre recordaré esas noches en Riviera y Dom Kultury.

Sin duda, vivir esta experiencia me cambió completamente, el viajar solo, el enfrentarme a problemas y poder solucionarlos, a encontrar mi creatividad. Me di cuenta de hasta donde puedo realmente llegar, a hablar en público (hace unos meses era impensable para mí), a gestionar mi tiempo, a no rendirme nunca…en definitiva, me ha ayudado a crecer, a madurar.

Para mí, Polonia fue un lugar donde me vi muy identificado, donde la gente me trató tal y como soy, y donde descubrí que podía vencer mis temores, mis miedos. El lugar donde encontré a personas extraordinarias, el lugar donde se encuentran mis mejores recuerdos y mis mejores amigos.

Un año después, volví al mismo lugar, y pude observar el gran impacto positivo que hice en la vida de los demás. Fue el momento exacto en el que me convertí en un Ciudadano Global.

Álvaro Jimenez

AIESEC en Granada

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India, una experiencia para toda la vida

ST Elena - India-01

Hay decisiones que sin lugar a duda marcan un antes y un después en tu trayectoria.

Conocí AIESEC en mi año de erasmus en Francia cuando formé parte de ellos durante unos meses, colaborando en la búsqueda de asociaciones que quisieran participar en el intercambio, pero no fue hasta este verano cuando pude realizar el mío y saber realmente que se siente.

Pues bien, mis seis semanas en India han significado para mí un aprendizaje en todos los aspectos posibles. La adaptación, el entender y canalizar tus pensamientos y emociones, muy fuertes por el contraste, el cambio y el caos que supone vivir allí. Porque India la amarás así como no entenderás mil contradicciones, pero te acabará enganchando.

Aprendí a empaparme de la cultura, de las personas, de mis amigos y compañeros de proyecto que pronto se convirtieron en mi familia de allí, conociendo también sus costumbres y culturas de todas las partes del mundo, una diversidad que te hace crecer a más velocidad, querer con más intensidad y darte cuenta de que por muchas diferencias culturales, TODOS SOMOS IGUALES. Aprendí como vas a intentar dar lo mejor de tí enseñando a unos pequeñines y te darás cuenta que son ellos quien te enseñan. A valorar cada momento, a afrontar muchas situaciones, a tener que aceptar normas sociales que aquí jamás estarías dispuesta a aceptar sin embargo hay que entender que cada sociedad tiene su evolución y no puedes pretender actuar como tú quieres en cada momento, hay que entender las realidades y aceptar así como empatizar.

También debo decir que cualquier experiencia el 80% dependerá de la actitud con la que quieras afrontarla, pero en definitiva, mi estancia en India fue una de las experiencias que me van a marcar para toda la vida.”

Elena Domeque Cazcarra

AIESEC in Santiago de Compostela