Como otros países alrededor del mundo, el impacto del cambio climático en Costa Rica está incrementando. Localizado en América Central, es un país muy pequeño (51.060  km²) y está expuesto a grandes variaciones climáticas. Con costas hacia el océano Pacífico y mar Caribe, podemos identificar varios tipos de climas, como ecuatorial, tropical y tropical húmedo.

Toda esta diversidad hace que Costa Rica sea vea afectada por el cambio climático de distintas maneras. No es posible predecir exactamente qué fenómenos ni en qué intensidad pueden ocurrir, pero en general, América Central se ve crecientemente afectada por huracanes, fuertes lluvias, inundaciones y sequías.

Las áreas de mayor riesgo en Costa Rica son las montañas, manglares y arrecifes; al igual que los bosques en áreas cálidas (como los bosques costeros del atlántico y el pacífico). En general, los bosques tropicales del país están altamente afectados por las altas temperaturas, lo que podría tener consecuencias sociales y ecológicas muy graves.

Para Costa Rica, la agricultura es de extrema importancia por ser una de las principales actividades comerciales, entonces cuándo estos fenómenos comienzan a afectar la productividad, la economía y la vida de millones de personas se ven afectadas. A raíz de estas variaciones, la calidad de vida del país también se ve afectada, empeorando aspectos sociales y el índice de desarrollo.

Para hacer frente a estos problemas, el Gobierno de Costa Rica ha decidido luchar en contra del cambio climático, poniéndolo como una prioridad y las acciones ya se están llevando a cabo. Quizás se preguntan ¿Cómo?, a través de inversiones en energías limpias como hidroeléctrica, geotérmica, solar y eólica, las cuales han ayudado a Costa Rica  a ser el primer país en vías de desarrollo en producir 100% de energías renovables. Particularmente, cerca del 98% de la electricidad del país vinieron de fuentes verdes en 2016, usando electricidad libre de carbono por más de 250 días en 2016.

En los últimos años, el gobierno ha construido plantas hidroeléctricas, como la planta Reventazón, e invirtió en energía eólica en los Santos y Santa Ana. También tienen plantas geotérmicas en algunos de los volcanes como Miravalles y Rincón de la Vieja.

En AIESEC, también nos preocupamos por el cambio climático, particularmente en bosques y quisimos tomar acción. Aprovechando la ventaja de que Costa Rica es el primer país en firmar un pacto nacional para los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030, desarrollamos el proyecto NATURATICA, dónde voluntarios tienen la misión de reforestar bosques secundarios en San José, la capital, y en Guanacaste, un estado que realmente necesita de esta ayuda. También estos voluntarios trabajan con comunidades indígenas, enseñando cómo mitigar los impactos del cambio climático.

Creemos que hay una necesidad real de ayudar a mitigar estos efectos al mismo tiempo de crear conciencia en la población para que sean capaces de generar acciones para detener esta problemática. También creemos que el cambio climático afecta a una proporción muy grande de la población, y que todos podemos aportar para evitar los efectos de una peor manera.

 

 

AIESEC en Costa Rica.

 

“Lo contrario a la vida no es la muerte, sino la indiferencia” – Oscar Wilde 

~Tengo miedo de mirar por la ventana, no por lo que pueda llegar a ver, sino por lo que no pueda ver. Siento que el mundo está perdiendo su esencia día tras día, que la humanidad se desvanece lentamente, que cada segundo que pasa se lleva consigo un pilar más del mundo. Lo que queda es guerra, odio, injusticia, crisis y tristeza. Esto no es el mundo en lo que yo quero vivir.~

2017: los millennials, 2 mil años de evolución y progreso, la era de la tecnología y la revolución; el año que marca la diferencia. Sin embargo,algunos no están asustados de mirar por la ventana, porque sea cual sea el paisaje que vean, lo pintarán de otro color. Ellos son los voluntarios.

El voluntariado ha pasado de ser una moda, a convertirse en una necesidad, de un sacrificio a un trabajo soñado por muchos. Necesitamos voluntarios. En el mundo, encontramos más de mil millones de voluntarios que luchan por fijar los desperfectos de la humanidad.

Miles de ONGs han aumentado su impacto gracias a voluntarios con talento que comparten valores sociales, mientras que los movimientos juveniles también se unen a la lucha por un mundo mejor.

El poder del voluntariado se ha infravalorado durante años ¡esto se ha acabado! De esquina a esquina, desde las fuertes olas del Atlántico a la suave nieve del Polo Norte, la gente se está uniendo, luchando y trabajando para conseguir un impacto positivo en nuestra sociedad.

 

Me enorgullezco de formar parte de la generación que liderará el cambio y por tener la oportunidad de ser voluntario!

¿Y tu?

Un orgulloso voluntario

Durante los días 25 y 26 de octubre, AIESEC in Granada tuvo la ocasión de participar en una de las jornadas académicas más importantes que se celebran en Granada al inicio de cada curso.

Es costumbre que la Universidad de Granada organice durante el mes de octubre las Jornadas de Recepción de Estudiantes (JRE), que tratan de dar a conocer a sus estudiantes, tanto locales como internacionales, los recursos, actividades y servicios que se ponen a su disposición y tratan de mejorar su adaptación e integración en el entorno universitario y de la ciudad.

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AIESEC in Granada lleva más de cinco años participando activamente en estas jornadas, dándose a conocer como asociación e informando a todo aquel interesado sobre nuestra visión y diversos programas. Este año nuestro principal objetivo fue concienciar sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Pusimos en marcha una campaña en la que, haciéndose una foto con el ODS, se optaba, mediante número de Me Gusta, a dos becas para realizar un Voluntariado con AIESEC in Granada.

Todos los implicados estuvieron muy interesados en conocer más acerca de los ODS y lo que se trata de lograr con ellos, además participaron abiertamente en nuestra campaña, ya fuese por intentar conseguir las becas como por apoyar los ODS.

Fdo: Anna Claudia Teruel Lorenzetti

Así lo vivieron los miembros de B2C:

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Victoria, 22


¿Cuántas veces habrás oído la expresión “que suerte tenemos”? Suerte de vivir donde vivimos, de tener lo que tenemos… Y la respuesta habitual suele ser “sí que es verdad”. Tras mi experiencia en Nairobi, Kenia, me pregunto cuantas personas serán realmente conscientes, en lo más profundo de su ser, de esa suerte que tienen. ¿cuántas personas son capaces de valorarla? ¿Y cuántas lo reflejan en sus acciones?

Decidí hacer un voluntariado en Kenia porque me di cuenta que en mi entorno hablaba mucho de los
países en vías de desarrollo, y que en realidad nunca había visitado uno. Bueno, perdón, nunca había “vivido” uno. Viajar como turista no tiene absolutamente nada que ver con vivir en un país, igual que no es lo mismo ver un mendigo en la calle que dormir con él una noche en la calle. Finalmente, elegí Kenia porque quería descubrir ese gran continente desconocido, África.

img_20160814_192620Hace un mes que volví a España, y todavía me emociono cuando hablo de mis días en Nairobi. Hay tantas cosas que podría contar, pero muy pocas que pueda transmitir. Una de las cosas más duras por las que he tenido que pasar con esta experiencia, ha sido descubrir la ignorancia en mi propio país sobre la realidad del mundo. Lo más duro no ha sido las toneladas de basura en las calles, ver a bebes abandonados llorando y comiendo maíz podrido del suelo mientras su padre yacía borracho unos cuantos metros más allá, ver a un bebe de 18 meses muerto en una cama durante 2 días porque los padres no tenían 20$ para enterrarlo, consolar a una niña repudiada en el cole porque su madre le transmitió VIH al nacer, dar clase en una habitación de 4 metros cuadrados con 40 alumnos dentro.

Lo más duro no ha sido la interminable lista de desgracias que he visto de cerca, lo más duro ha sido volver a España y darme cuenta que a mi sociedad le da igual. Mis anécdotas son “bromas de mal gusto” que olvidan rápido para seguir con sus confortables vidas.

Eh, ¡pero no os quedéis con mal sabor de boca! Dejad que os cuente lo que realmente mi sociedad se pierde: un grupo de voluntarios locales concienciando a la comunidad del peligro que supone la basura para la salud; a una vecina recogiendo al bebe de la calle para darle de comer junto a sus hijo; a un conjunto de vecinos donando el dinero de su almuerzo para enterrar al bebe difunto; a un grupo de mujeres con VIH trabajar unidas para reducir el riesgo de contagio en la comunidad; a 40 alumnos mirándote con los ojos como platos mientras les explicas que España es un país que está en Europa.img_20160725_092541

Se pierde también la esencia de África, un continente que enamora. Naturaleza en estado puro, paisajes que inspiraron la película del Rey León. Una cultura y una variedad de lenguas que narran una historia emocionante. Las danzas, la artesanía, las comilonas familiares con decenas de personas, la deliciosa comida keniana, los partidos de fútbol con pelotas caseras.

He descubierto una sociedad que considera la felicidad como un estilo de vida. Me enseñaron a ser feliz con menos, a apreciar los detalles que nadie se para a ver. He tejido lazos con personas, más auténticos de los que me unen a muchos de los que considero mis amigos en mi día a día.
La mayor lección de mi viaje es que si quieres cambiar el mundo, tienes que conocerlo primero. Tienes que conocerlo, no verlo. Hay cosas que no se pueden contar, las tienes que vivir.

UBUNTU


Victoria is an independent blogger from Spain who went on a Global Volunteer Experience in Kenya. She believes that new experiences widen our knowledge and that learning never ends. Therefore, she is always seeking to learn new things in different areas. After her experience in Kenya, she knows certainly that her passion is international relations and sustainable development.

by Raquel Cebrián Rodríguez


 

Actualmente vivimos en una era de conexión continua, donde las entrevistas pasan a ser frente a una pantalla de ordenador.

Una era donde tienes siete correos electrónicos, cinco cuentas en redes sociales, ocho perfiles en páginas de empleo, y quizás hasta varios números de teléfono. Vivimos en un momento de la historia donde tan solo en segundos puedes comprar cualquier cosa, en cualquier parte del mundo, e incluso visitar otros países desde la comodidad de tu hogar. Lo queramos o no, nuestra vida se mueve a golpe de ratón. ¿Y si alguien te dijese que puedes aprovechar eso para cambiar el mundo?

Desde pequeños solemos soñar que llegaremos a ser ricos y poderosos. Que una vez, desde esa situación privilegiada que aporta el dinero, invertirás en causas sociales. Día tras día vemos injusticias que se van solapando unas a otras, donde una mayor y más atroz sustituye a la anterior. Quizás por complacencia nos vendamos los ojos con pañuelos de seda. Quizás nos salvaguardamos ante la conciencia propia de sabernos insignificantes granos de arena en una montaña. Sin embargo, un grupo de jóvenes en 1948 creyó que su voz también importaba. En ese momento comenzaron los cimientos sobre los que se construiría la mayor organización integrada plenamente po@iMadrid2
r jóvenes del mundo, AIESEC.

AIESEC, como cualquier organización, con muchos años de historia, ha ido evolucionando hasta convertirse en lo que hoy conocemos: 70.000 miembros, 2.400 universidades asociadas, y presente en 128 países. Se ha constituido como una de las mejores vías de desarrollo del liderazgo juvenil a nivel internacional. Además desde diciembre de 2015, AIESEC es embajador de los Youth+4+Global+Goals+logoSustainable Development Goals (SDGs). Tras firmar un acuerdo con la ONU, e implicar ser una de las voces de la juventud. Como se demostró en el Youth Action Summit celebrado en Nueva York el pasado año. Las experiencias que ofrece son muy variadas. Puedes disfrutar de un fantástico voluntariado ayudando a potabilizar agua en Kenya, salvar tortugas en las Islas Mauricio, enseñar español en Italia, o inglés en China. Puedes trabajar en empresas de talla mundial en diferentes filiales alrededor del mundo, donde lograrás desarrollarte como profesional en tu campo. También puedes hacer que todo esto sea posible, uniéndote a nuestro equipo.

Formar parte de una organización de tal calibre te permite alcanzar todo lo que te propongas. Si quieres mejorar la vida en tu ciudad, o en cualquier parte del mundo. Si eres proactivo, y te interesa descubrir el
mundo, conocer personas de todas partes del planeta… Si te sientes incompleto con tu experiencia universitaria, y necesitas saber que hay algo más… En ese caso, AIESEC es tu organización.

Este año sé AIESECer.29468386906_2b5cf2aa40_o


Raquel is the vice president of business to customer relations for her local AIESEC office in Valencia and regularly writes for the AIESEC in Spain blog.

Blog - Marruecos

¿Te consideras una persona pequeña, que hace cosas pequeñas en lugares pequeños?

No soy nadie importante, no soy rico ni soy una persona influyente. No tengo grandes ideas, no he realizado nunca grandes proyectos ni creo que yo pueda crear un impacto en esta sociedad. Me cuesta solucionar mis problemas, no creo que pueda ayudar a nadie a solucionar los suyos.

 

¿Te suena de algo?

No he hecho más que enumerar una serie de excusas que he oído o yo mismo he dicho/pensado durante mucho tiempo. Creemos que por ser simples estudiantes, trabajadores, o lo que sea, no podemos ayudar a los demás, no podemos causar un impacto en nuestra sociedad ni podemos ayudar a solucionar, aun que sea un poco, los problemas que hay en esta u otras sociedades.

A menudo pensamos que somos gente pequeña que hace cosas pequeñas.

La semana pasada he tenido la oportunidad de participar en un proyecto solidario organizado por la empresa donde trabajo con la colaboración de muchos de sus clientes. Hemos ido a Marrakech tres días en los que hemos comprado ropa y juguetes para los niños de un orfanato. No disponíamos de grandes recursos pero fueron suficientes para hacer felices a 150 niños que gracias a esta acción tienen ropa nueva y juguetes con los que entretenerse y aprender.

Blog - Marruecos -

Quizás esta acción no tenga un impacto más allá de hacer felices a los niños durante un corto período de tiempo, quizás esta acción no cambie la vida de estos niños drásticamente ni solucione sus problemas a largo plazo.

O quizás si cambie drásticamente la vida de alguno de estos niños. Quizás alguno recuerde dentro de unos años que unos completos desconocidos han venido a ayudarles. Quizás alguno de estos niños dentro de unos años tenga la oportunidad de ayudar a otros y lo haga al recordar que hay gente que lo hizo por él años atrás.

No puedo saber la influencia que ha tenido este pequeño proyecto en los demás pero si se la influencia que ha tenido en mí. Este proyecto me ha hecho reflexionar sobre algo. Algo que había pensando muchas veces pero no había reflexionado sobre ello pues no lo había vivido.

¿Qué pasaría si la mayoría de nosotros pasase a la acción?

¿Qué pasaría si más empresas se preocupasen por ayudar a los que lo necesitan?

¿Qué pasaría si la mayoría de nosotros realizase pequeñas acciones que creasen un pequeño impacto?

“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo” – Eduardo Galeano.

Esta frase resume todo lo que he pensado durante estos días. Nos infravaloramos y creemos que no podemos hacer nada por el mundo ya que somos gente pequeña que vivimos en lugares pequeños y solo hacemos cosas pequeñas.

Excusas, son solo eso.

Tú que lees esto y yo que lo escribo tenemos la capacidad de cambiar el mundo. Quizás no el mundo entero pero si el mundo de todas las personas a las que podemos ayudar. Si todos aportamos nuestro granito de arena, de la forma que podamos, el impacto cada vez será mayor y veremos como poco a poco viviremos en un mundo mejor.

¿Vas a seguir igual que hasta ahora o quieres ser una de esas pequeñas personas que hacen cosas pequeñas en lugares pequeños para cambiar el mundo?

 

Por Angel Fraga

 

>> Decide cambiar tu mundo hoy a través de nuestro programa de voluntariado internacional

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Cómo La Danza y AIESEC Son Mis Plataformas De Evolución – Día Internacional de la Danza

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Por norma general, los resúmenes vienen al final. Yo me voy a permitir el lujo de darle la vuelta a la tortilla, y voy a comenzar con la conclusión. Y es que puedo asegurar y aseguro que mi vida se resumen en una sola palabra: PASIÓN.

Nací en Ponferrada hace 19 años y medio, una “pequeña” ciudad de León en la que las posibilidades para una persona con mis inquietudes eran mínimas y contadas. Por lo que puedo recordar, desde bien pequeño bailaba siempre que podía. Me metía en el salón, y cerraba la puerta creyendo que nadie me vería, obviando el pequeño detalle de que esa puerta tenía unos cuantos vidrios que permitían que mi madre y cualquiera que pasase por delante pudiese ver mis por aquel entonces torpes movimientos. Pero había un problema: la danza era cosa de chicas. Cuando con 4 o 5 años aproximadamente pisé por primera vez un aula de danza repleto de chicas (literalmente, yo era el único niño), huí corriendo.

Mi historia de amor con la danza se hubiese quedado ahí de no ser porque años después, cuando yo ya tenía 11 años, mi hermano me animó a apuntarme de nuevo a una escuela de danza, de las pocas que hay por Ponferrada. Y ese fue el momento en el que cambió mi vida. Si hay algo que tengo claro es que la danza supuso un punto de inflexión en mi vida, una vía de escape a un mundo que no cubría mis expectativas. Y este fue el principio de un romance que duraría 7 años.

Tal era mi pasión por la danza que a los 14 años decidí volar. Decidí que quería dedicarme a la danza profesionalmente, que quería que mi vida fuese por y para la danza. Y así fue. A pesar de las críticas y las negativas por parte de varias personas, también recibí mucho apoyo, siendo el más fuerte e importante el de mi madre, a la que le debo si no todo, mucho. Hice la prueba para entrar en el Conservatorio Profesional de Danza de Madrid, la pasé, y comencé lo que para mí se convirtió en la etapa del cambio. Así que, con tan solo 14 años, comencé una nueva vida a casi 400km de mi casa.

La danza es pasión, es superación día a día, es caerse como sinónimo de levantarse, es equivocarse, es aprender, es respirar y vivir. Es creer en algo y dedicarte a ello, sin importar lo que cueste. Es trabajar día a día con un fin: sentir el calor de los focos en la piel y de los aplausos en el corazón. Y también es gente, gente que te apoya y te sigue, que te tiende la mano cuando tropiezas. En resumen, bailar es un sueño que se persigue día a día.

Y para mi ese día a día llegó a su fin hace año y medio, pero siempre que alguien me pregunta por ello, mi respuesta es la misma: la danza me aportó más que lo que nunca ninguna otra cosa me ha aportado. Gracias a ella soy una persona que cree en sí misma, que asume riesgos, que sigue adelante, que no tiene miedo a caerse, ni miedo al miedo. Crecí y aprendí en esos años lo que mucha gente tarde décadas en aprender.

Un año después de dejar la danza, hace 7 meses, me mudé a Barcelona. Y un mes después de empezar la universidad, conocí lo que a día de hoy se ha convertido en mi nueva pasión. AIESEC apareció, al igual qu25363467976_1e87833597_oe la danza, de la nada. Y sin embargo, en estos pocos meses se ha convertido en mi nueva plataforma de evolución. De nuevo he encontrado el sitio donde crecer, donde caerme y levantarme, donde el apoyo es pan de cada día. Me he dado cuenta de que mediante la danza cambié mi mundo, y hoy en día, con AIESEC, no solo estoy cambiando mi mundo sino el de otra gente. Porque, como dicen por ahí, las pequeñas acciones tienen grandes consecuencias.

Y es que AIESEC es eso. Es gente, es cambio,es impacto. En resumen, es PASIÓN por el mundo y por la gente.

Miguel Herraez, AIESEC in Pompeu Fabra

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Why Going Abroad Was The Best Decision I’ve Ever Made

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No sé si de pequeña ya era así o cuando realmente empezó mi obsesión por recorrer el planeta. Cualquier destino me parece fascinante, y no me importa repetir lugares. Me considero una persona a la que le gustan los retos y que aprovecha las oportunidades que se le presentan, y mucho más aun si son internacionales.

Pero si hay algo que me gusta más que viajar es vivir en el extranjero. No me hubiera importado desde pequeña haber tenido que vivir en diferentes países por el trabajo de mis padres, por ejemplo. Aun así, he intentado aprovechar todas las oportunidades que la vida me ha dado. Por este motivo, a los 16 hice un intercambio con una chica holandesa a través de mi instituto. Pasé una semana viviendo en su casa y conociendo sus costumbres. Dos años más tarde, con 18, participé un curso de inglés en Edimburgo por tres semanas. También estaba con una host family.

Después de estas cortas experiencias, en el verano de mis 20 decidí embarcarme en otra aventura y realizar un voluntariado de Global Citizen con AIESEC en Brasil. Casi 7 semanas viviendo en un país que poco tiene que ver con el nuestro. Finalmente ahora me encuentro haciendo un semestre en Reino Unido, en Newcastle, gracias al programa Erasmus. Y pensaréis, ¿aquí termina mi viaje por el mundo? Ni de lejos. Mis intenciones son seguir viviendo aventuras internacionales, y más que viajando, viviendo.

Porque para mi ver mundo no significa hoteles bonitos, mapas turísticos y postales de cuento. Para mi lo mejor es comer en un restaurante de comida tradicional, callejear por los barrios menos turísticos, conocer las costumbres de la gente, como celebran, que hacen en su día a día.

Pasar temporadas en el extranjero no me ha traído nada excepto cosas buenas. He tenido la oportunidad de conocer gente de todo el mundo. Hablar con ellos, que tenemos en común y que nos diferencia. De esta manera no sólo descubres el país en el que te encuentras sino muchos más. Aprendes otras maneras de vivir, otras culturas. Entiendes porque la gente es como es. Y sobretodo, y para mi más importante, te vuelves tolerante. Compartir tanto con gente diferente te hace abrir los ojos y aceptar. Aceptar que hay gente que no piensa como tu, que no es como tu, pero lo entiendes, aceptas y respetas.person-beach-holiday-vacation-large

También te da adaptabilidad y autonomía. Tienes que cuidar de ti mismo ya que nadie lo va a hacer por ti. Dejar de vivir con tus padres es difícil, pero lo es aun más si lo haces en un país extranjero. Eres una forastera realmente viviendo tu vida allí. No viajas, no estas sólo por unos días, sino que creas una rutina. Haces ese país, esa ciudad, ese barrio, tuyo. La cafeteria de la esquina se convierte en la de siempre, te sabes las estanterías del supermercado y cuál es el camino más corto para llegar a tal sitio. Te adaptas y funciona. Eres una más en cuestión de poco tiempo.

Cuando viajas todo son prisas, tienes que aprovechar cada segundo ya que el tiempo corre en tu contra. Pero cuando vives en el extranjero todo cambia, encuentras tu ritmo. Todo se ralentiza porque tienes tiempo. Puedes aprovechar y conocer a fondo. Y cuando es la hora de irse, sabes que una parte de ti siempre se quedará en ese lugar.

¿Cuando? Ahora. Sin ninguna duda. Ahora es cuando somos jóvenes, cuando tenemos todo el tiempo del mundo de vivir, de probar, y si, aunque suene tópico, de equivocarnos. De arriesgar, de estar motivado y a la espera de aventuras, de retos y de emociones. No hay nada que nos ate, no tenemos hipotecas que pagar, hijos que cuidar o trabajos que aburrir. Ahora es el momento. ¿A qué esperas pues?

Cristina Bas, Barcelona

Experiencia de Voluntariado en Brasil, 2014

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“Yo Quiero Trabajar de lo Mío” Pero… ¿Qué es lo Tuyo?

blog Que es el tuyo

Recientemente leí en eleconomista.es un artículo sobre el cambio que el mundo laboral está experimentando y experimentará en los próximos años.

Uno de los datos que me llamó la atención era el aumento de la oferta de  personas “no contratables”, graduadas en materias no demandadas, mientras  incrementa la demanda de profesionales cuya oferta escasea así como de profesiones que ni siquiera existen todavía.

Al mismo tiempo, la separación entre el  mundo laboral y la universidad se ensanchará todavía más, como un choque entre la flexibilidad y el dinamismo y un sistema educativo endogámico y difícilmente penetrable.

Somos la generación más preparada de la historia, donde más del 56% de nosotros posee un título universitario, sin embargo carecemos de las habilidades, lenguas, y experiencia cada vez más demandadas por los departamentos de recursos humanos de las empresas.

Así, por un lado, nuestra estancada y vieja Universidad, esa que  sigue premiando la memoria, donde todos somos iguales y donde las oportunidades de especialización son mínimas; un sistema educativo que no nos deja descubrir que es lo que realmente nos gusta, porque no nos da la oportunidad de probar, de experimentar, de practicar y  de fallar.

Y al otro lado del río, un desconocido y tenebroso mundo laboral, donde ya no te vale lo que “chapaste” ni lo que dejaste de “chapar”, sales ahí fuera y te encuentras totalmente out de tu zona de confort. Y al llegar  a tu primer trabajo, ese que supuestamente está relacionado con lo que estudiaste, te das cuenta de que lo que has aprendido, o como lo has aprendido no te sirve para nada.

Pues ahí en el medio del río estamos tú y yo. Con un título de graduado bajo el brazo y un montón de recuerdos en la mochila: en la cafetería, en la biblio o en el campus. Recuerdos de esos que llaman los mejores años de tu vida y que no olvidarás nunca.

Pero entonces llega alguien que te pregunta la pregunta del millón:

– ¿Y ahora qué? ¿Qué vas a hacer cuando acabes?

-¿Yo?, ¡Yo buscar trabajo de lo mío!

Pero, ¿qué es lo tuyo? Eres historiador porque has estudiado historia, o lo que sea que tu título ponga: politólogo, economista, jurista, filólogo… Lo tuyo es aquella ley, aquella teoría que te estudiaste para el examen y que ahora ya apenas recuerdas (?) Aquella carrera que con 17 añitos decidiste estudiar, sin saber ni siquiera bien de que se trataba (?)

En estos dos últimos años, me he dado cuenta de que la carrera que estudiamos no tiene porqué predestinar nuestro futuro. Y que lo tuyo es lo que coges de aquí y de allá, de ese libro que leíste, esa persona que te influyó, ese viaje, ese profesor que dijo aquello en clase, eso que te ilusiono aunque hayas fallado… Esa experiencia que te cambió la manera de verlo todo. Y poco a poco diferentes experiencias, que te hacen conocerte y conocer a otra gente que te da otro punto de vista. Gente que después decide juntarse, y sacando de aquí y de allí, de lo tuyo y de lo mío, de aquella idea loca, crearán  lo nuestro, nuestro proyecto.  Igual que Apple, en un garaje.

Pero antes hay que atreverse, atreverse a salir de la autopista y cortando poco a poco las altas hierbas, los obstáculos y confiando paso a paso en que algún día tome forma, ir construyendo otro camino: el tuyo.

Ana Rubido, Santiago de Compostela

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Millennials: ¿La Generación Perdida?

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Blog Millennials

Generación ni-ni, generación ME-ME-ME, o la generación perdida, son algunos de los nombres negativos que apelan a la generación de nacidos entre 1980 y 2000, también conocidos como Millennials o generación Y.

Incertidumbre, miedo por un futuro indeterminado… seguro que tu también te sentiste alguna vez un poco perdido cuando en el último año de universidad pensaste “Y… ¿ahora qué?” Pero, ¿somos realmente la generación perdida?

Para entender un poco más como somos los Millennials, debemos analizar que nos hizo ser y que nos rodeaba cuando nacimos, crecimos y salimos al mundo. Aquí van cinco características de la generación Y:

Estamos Interconectados

Somos la primera generación de nativos digitales y preferimos internet antes que la televisión. Los Millennials pasamos mucho de nuestro tiempo conectados a
las redes sociales mediante nuestro laptop o smarthphone lo que nos permite acceder a prácticamente todo el mundo y al mismo tiempo facilita que sea fácil acceder a nosotros con pocos recursos.

Somos críticos y exigentes

Crecimos en una época de prosperidad, pero con nuestra salida al mundo laborar estalló la mayor crisis económica de la historia contemporánea. Eso nos hizo críticos, especialmente con el sistema financiero y la banca, y exigentes. Por ello, como consumidores somos mucho más versátiles y menos fieles a las marcas.

IMG_1207Somos emprendedores y queremos arriesgar

Preferimos un trabajo que nos guste antes que un trabajo estable, preferimos la movilidad y flexibilidad antes que la seguridad y más del 60% de los Millennials admite que quiere abrir su propio negocio en el futuro. Como trabajadores, tenemos poca fidelización y lealtad a nuestros trabajos. Y, cada vez más, preferimos trabajos que estén ligados con nuestras pasiones antes que una mejor remuneración.

Aspiramos a marcar una diferencia en el mundo

Más del 60% declara haber participado en causas benéficas o de voluntariado. Los Millennials queremos cambiar las cosas y estamos descontentos en general con el sistema. Aunque no siempre encontramos la manera de hacerlo, somos activos participando en movimientos y asociaciones con fines sociales.

Además, somos la generación más diversa, más global y más preparada de la historia. Pero, a pesar de esto, somos también la generación de las becas, las prácticas, las oportunidades no remuneradas aquí y allá, el trabajo precario… Y si alguna vez te has pasado horas (o días, como yo) discutiendo con tus padres sobre tu futuro, no te preocupes, no eres el único. Seguramente tus padres pertenezcan a la generación X o a la generación BabyBoom, caracterizados por buscar una vida estable y un trabajo para “toda la vida”.

“Oposita, hija” me repite mi padre cada vez que vuelvo a casa. Y te quedas callado21645225372_934ed24b21_o pensando y confiando en ese momento en que las cosas cambien, porque de hecho, ya están empezando a cambiar, aunque no todos se den cuenta. Y tú, tú quieres decidir tu futuro.

Nosotros, la generación de las becas y el paro, seremos en 10 años los consumidores, managers, CEOs, políticos, emprendedores, trabajadores y líderes del futuro. En 2030, los Millennials ocuparemos el 75% de la fuerza laboral mundial y decidiremos el rumbo de las cosas. Como será el mundo en 2030 depende ya de nosotros.

Hagamos que ese momento llegue y hasta entonces preparémonos, preparémonos para estar preparados: fallemos, arriesguemos, viajemos, leamos, desarrollémonos, y aprendamos.

Aquí llegan los Millennials, pero ¿De verdad somos la generación perdida? Yo creo que somos la generación que ha empezado a encontrarse.

Ana Rubido, Santiago de Compostela

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La mayor dificultad con la que te encontrarás al enfrentarte a los múltiples problemas de carácter global de nuestra sociedad es la imprecisión al determinar las cuestiones que exigen una intervención más rápida.

Pensando exactamente en este problema de definición de prioridades para combatir las cuestiones globales que deben de ser solucionadas, en septiembre del 2000, las Naciones Unidas estableció un conjunto de objetivos (Objetivos para el desarrollo del milenio), que deberían definir las agendas de los países miembros, de modo que estos problemas fuesen controlados y realmente considerados en la toma de decisiones de sus líderes políticos. Los objetivos definidos en el 2000 deberían estar presentes hasta el 2015. En septiembre del año pasado, se definieron los Objetivos para el Desarrollo Sostenible,  estas metas no prenden la sustitución de las anteriores, sino, su intensificación y su expansión por el mundo.

Aquello que la ONU pretende con los llamados Global Goals no es sólo es proporcionar a la comunidad mundial con una posibilidad de medición de sus problemas (a través de indicadores) y una lista de objetivos que se deben incluir en sus políticas, también propone despertar la conciencia de estos problemas por parte de la sociedad en general. En AIESEC trabajamos junto a la ONU en la promoción de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible a través del Youth Speak un movimiento que pretende dar voz a todos los jóvenes con el objetivo de percibir su visión del presente y su perspectiva para el futuro. Es a través de este movimiento que prendemos resolver el mayor problema mundial. En base a esto te proponemos respuestas para cuatro preguntas.

 

  • ¿Cuál es, para ti, el mayor problema a nivel mundial?

El titulo de este articulo sugiere que, efectivamente, existe un único problema global. La verdad es que tal como los Objetivos para el Desarrollo Sostenible sugieren existen , por lo menos, 17 grandes cuestiones que deben ser resueltas.

El primer paso para la resolución de un problema es precisamente la percepción o el reconocimiento de la existencia del mismo. Por esto mismo, el primer paso para encontrar la solución al mayor problema mundial es definir cual es para ti ese problema.  Los Objetivos para el Desarrollo Sostenible son una herramienta francamente útil para este ejercicio, pues sugieren los problemas que están en constante consideración y que tienen un mayor impacto en la comunidad mundial.

 

  • ¿Qué puedes hacer tú para reducir el impacto de ese problema?

A pesar de parecer complicado percibir como podemos tener algún impacto en la resolución de problemas que afectan a todo el mundo, la  propia identificación de un problema muestra, también, sus causas y es precisamente esto lo que hace que sea sencillo descubrir como podemos hacer pequeñas contribuciones individuales a su solución. En este sentido, después de la definición de los problemas globales y sus causas, las soluciones surgen casi inmediatamente.

Tu contribución puede pasar por acciones básicas, modificar tus hábitos o tus comportamientos relacionados con la vida cotidiana – reciclar, ser voluntario en organizaciones sociales, cambiar ciertas opiniones y, como consecuencia, comportamientos   en relación a determinados temas.

AIESEC tiene aquí un papel esencial.  Con el objetivo de desarrollar profesional y personalmente a los jóvenes permitiendo que contribuyan activamente en el desarrollo sostenible del mundo, AIESEC proporciona la oportunidad de influenciar directamente la realización de las metas definidas por la ONU a través de sus programas de voluntariado (Global Citizen) y sus prácticas profesionales en StartUp (Global Entrepreneur).

 

  • ¿Qué será lo que tus amigos y familiares piensen al respecto?

Los Objetivos para el Desarrollo Sostenible fueron definidos con el objetivo de guiar las agendas de los líderes políticos pero sólo se materializarán plenamente si todas las personas de la Tierra saben y son conscientes de su importancia y de su existencia.

El propósito del Youth Speak es precisamente despertar la conciencia de las personas acerca de las metas globales.  Este movimiento pretende dar a conocer al rededor de todo el mundo cada uno de los 17 objetivos globales, y para ello, AIESEC desarrolló varias campañas de promoción a modo de promoverlos y divulgarlos – una de las campañas más conocidas es escoger uno de los objetivos y compartirlo por las redes sociales mediante una fotografía.

Únete a este movimiento y sácate una Selfie con el Global Goal que elijas y muestra a todos tus amigos cual es para ti, el mayor problema social al que se enfrenta el mundo en la actualidad.

  • Y, ¿los líderes mundiales?

El último paso en la resolución de un problema global para por los líderes políticos.  Al final sólo ellos deciden las medidas que serán implementadas para la resolución de dicho problema y el cumplimiento final de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible.

A través de la Youth Speak Survey, un cuestionario creado por AIESEC que parte del mismo nombre del movimiento, podemos dar la oportunidad a los jóvenes de comunicar directamente a los líderes mundiales cuales son sus mayores preocupaciones y sus expectativas en relación a su futuro. Con la encuesta tienes la oportunidad de generar un impacto directo en la resolución del “mayor problema global”, transmitiendo a los líderes mundiales a sus preocupaciones.

Como has podido comprobar resolver un problema mundial es fácil ¿a que sí?. ¡Únete al movimiento Youth Speak y contribuye al logro de los objetivos de desarrollo sostenible!

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“Tranquila, en un mes estoy de vuelta” fue lo que le dije a mi madre para tranquilizarla cuando le conté que me iba de Erasmus durante 9 meses a Turquía. Y lo cierto es que lo pensaba.

Para mí, en aquel momento, me estaba yendo a un país con una cultura totalmente diferente a la nuestra y cargado de prejuicios. Prejuicios que me hacían pensar que la gente de allí no me gustaría, que no encajaría y que querría volver a España tan pronto pasase allí unos días.

De los casi 10 meses que he vivido en Turquía puedo asegurar que no hubo un día que me arrepintiese de haber ido o que quisiese volver. Todos mis prejuicios desaparecieron cuando me vi viviendo en un país que me hizo sentir como si fuese el mío propio, donde la gente te invita a su casa y te hace sentir como parte de su familia.

La experiencia comenzó ya en Santiago. Conocí a otros estudiantes de mi universidad que también iban a realizar su Erasmus en Eskisehir, ciudad situada en el centro de Turquía. Comenzamos a compartir inquietudes, dudas y emociones sobre la aventura que nos esperaba.

Recuerdo los primeros momentos como si hubiese sido ayer. Después de horas de avión, taxi y autobús llegamos a Eskisehir sobre las 6 de la mañana, apenas estaba amaneciendo. Bajamos del autobús delante de la entrada el campus, la calle estaba desierta. Mis compañeros enviaron mensajes a sus futuros compañeros que se habían ofrecido a venir a buscarles, ya que la universidad nos había buscado alojamiento previamente. Mi compañero de piso aún no estaba en la ciudad por lo que fui al piso de uno de los estudiantes de Santiago. Había sido un viaje largo y, aunque nos moríamos de ganas por conocer la ciudad, necesitábamos descansar.

Los primeros días fueron un cumulo de cosas nuevas. Desde no entender nada en la calle, ver a todo el mundo tomando té en cada esquina o el llamamiento al rezo de las mezquitas. Lo más normal del día a día se volvía nuevo para nosotros. Tareas cotidianas se convirtieron en aventuras. Conseguir encontrar algo parecido a salsa de tomate era una suerte, conseguir que te cortasen el pelo como tu querías era poco probable y conseguir que en el mercado te diesen la cantidad de fruta o verdura que pedías era todo un logro. Estos pequeños “problemas” son los que realmente te hacen ver la dificultad de estar fuera de tu ciudad, tu país, tu lengua y, en definitiva, fuera de tu zona de confort.

Luego vinieron los primeros días en la universidad. Intentar entender el horario, cambiar algunas clases, encontrar las aulas y, lo que más me asustaba, las clases en inglés. Hacía años que no estudiaba ni practicaba inglés y todas estas cosas, que pueden parecer sencillas, fueron todo un verdadero reto durante las primeras semanas. Pero intentándolo y con la ayuda de nuevos compañeros turcos, que mas tarde se convertirían en grandes amigos, esos problemas se convirtieron en tan solo anécdotas.

Pasaron los meses y ya siendo Enero llegó el que quizás fue el peor momento del Erasmus hasta la fecha. Pocos éramos los que nos quedábamos todo el año, la mayoría solo estaban por un cuatrimestre. Cuando vives una experiencia como el Erasmus todo se vive de una forma más intensa y como no, las relaciones personales también. En Eskisehir éramos pocos Erasmus si se compara con otros destinos europeos, apenas unos 150. Y, quizás por ser pocos, nos convertimos en poco tiempo en una familia. A finales de Enero comenzaron los “nos veremos en verano” y los “te iré a visitar” entre lágrimas. He de decir que en mi caso, por suerte, a muchos de mis amigos tanto turcos como Erasmus los he podido volver a ver aunque pasaran años desde que nos despedimos. Aunque el contacto no sea el mismo por la distancia el tener amigos y mantener la relación pese a ello es algo indescriptible. Cada vez que pienso en esto se me viene a la cabeza la siguiente cita: “You will never be completely at home again, because part of your heart always will be elsewhere. That is the price you pay for the richness of loving and knowing people in more than one place.”

Nuevos Erasmus vinieron, un semestre nuevo comenzó y el día a día, que siempre tenía algo nuevo de lo que aprender, continuaba. Entre viajes, fiestas, paseos por la ciudad y tés en los bares fue pasando el semestre llegó Junio, el mes de volver a casa. De nuevo, pero de forma diferente, empiezan las despedidas. Aquí no solo me despedía de buenos amigos que se marchaban, sino también de amigos que se quedaban y, no menos importante, de la ciudad que me había visto crecer como persona durante eses 10 meses que viví ahí.

No fue cuando me despedí de todo el mundo cuando me di cuenta que mi Erasmus había acabado. Fue cuando bajé del avión en Madrid, entre al aeropuerto y vi algo que nunca me había parecido raro ni me había llamado la atención, todo estaba escrito en castellano. Fue ahí donde me di cuenta de que estaba de vuelta, de que no había marcha atrás, estaba una vez más en España, mi aventura en Turquía se había acabado.

La vuelta fue un mix de emociones. Alegría por ver a familia y amigos. Tristeza por los amigos que tardaría en volver a ver y por la vida, ese día a día, que dejaba atrás. Echaba de menos a la gente, hablar en inglés todos los días, decir cuatro palabras en turco para pedir algo en un bar, probar comida nueva, descubrir aspectos sobre la cultura turca que no conocía. Cada día tenía algo nuevo, ahora todo era siempre igual, conocido, sin emoción.

Es cierto que vivir una experiencia así te cambia y cuando vuelves te das cuenta que nada ha cambiado, eres una persona diferente en el lugar de siempre. Cuando vuelves tienes dos opciones, lamentarte de que has vuelto y vivir recordando tu Erasmus constantemente o seguir aprendiendo y creciendo mientras disfrutas de lo que tienes y la gente que tienes contigo.

Personalmente opte por la segunda opción. El Erasmus me permitió conocer culturas que de las que no tenía ni idea, comunicarme con gente de diferentes países gracias al inglés, en definitiva, me abrió la mente y me permitió ver que el mundo está lleno de posibilidades que muchas veces no vemos.

Me uní ESN, la asociación de estudiantes que ayuda a los Erasmus que vienen a Santiago, participé en intercambios de idiomas, continué estudiante inglés y trate de participar en todas aquellas actividades que tenían un enfoqué internacional.

A día de hoy puedo decir que mi experiencia internacional cambió mi vida. Soy una persona mucho más abierta y proactiva de lo que era antes de haberme ido. Hoy estoy orgulloso de formar parte de AIESEC y contribuir a que otros jóvenes puedan vivir una experiencia similar a la que yo viví bien mediante un voluntariado internacional o unas prácticas en el extranjero.

Ángel Fraga Varela  –  AIESEC in Santiago de Compostela.

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Trabajar en una Start-up es una idea atractiva, algunas veces podríamos decir que hasta es un pensamiento magnético. Las descripciones de trabajo de estas empresas principiantes por lo general incluyen frases como “un ambiente informal y divertido de oficina” o “un espacio para avanzar en tu carrera profesional”. Y mientras respondes a sus originales solicitudes de empleo es normal que te imagines un futuro equilibrado balanceándote sobre una pelota de estabilidad en pantalones de yoga y camiseta, colaborando con colegas de ideas afines a ti mientas bebes un chai latte.

Es cierto que emprender en una Start-up puede ser divertido, e incluso una decisión inteligente que cambiará tu vida. Y si bien, no todas las empresas de nueva creación tienen el ambiente (o el presupuesto) de las atractivas multinacionales millonarias, y no todas están a cargo de un líder visionario que te pondrá a punto sobre las opciones y acciones de Facebook, muchas empresas emergentes ofrecen la oportunidad única de aprender los pormenores de la construcción de una organización desde los cimientos.

Pero, por supuesto, no es todo diversión y juegos de ping-pong con la empresa de al lado del HUB, hay algunas diferencias clave entre el mundo de una Startup y cualquier otro tipo de empresa en la que hayas trabajado anteriormente. Intenta memorizar estos cinco consejos antes de firmar la línea punteada de un contrato laboral.

 

  1. Necesitarás sentirte cómodo y ser adaptable al cambio (muy, muy adaptable):

A diferencia de las empresas experimentadas que tienen procesos y procedimientos bien definidos y cientos de empleados condicionados a repetir los mismos comportamientos día tras día, las nuevas empresas son capaces de hacer cambios rápidamente. Cosas como los cargos laborales, tareas de escritorio, las estructuras de información y la planificación del proyecto se cambian con más frecuencia que el filtro de la cafetera de la oficina. Es normal que cuando trabajes una Startup tengas  que trasladarte de oficina tres veces en menos de seis meses, y tengas un gran total de seis mesas diferentes durante el proceso.

El cambio constante puede ser frustrante, especialmente cuando estas justo a punto de acostumbrarte al lugar o si has venido de una empresa arraigada y estable. Pero para tener éxito en una Startup, es necesario abrazar el caos. Las Startups tienen la brillante característica de que se componen de jóvenes profesionales muy motivados, y que sin duda no tienen miedo de los vaivenes de personal. Demostrando que se puede lidiar fácilmente con los golpes y las decepciones y que además el fracaso es una forma de garantizar el éxito.

 

El éxito es un pésimo profesor. Seduce a las personas inteligentes y les hace pensar que nunca van a fallar.

– Bill Gates

 

  1. Debéis poner todos las manos sobre la mesa

Tienes que ser un jugador del equipo, capaz de remangarte y ensuciarte las manos, hay un sinfín de clichés para explicar que cuando se trabaja para una Start-up deberás estar abierto a hacer un poquito de todo. Aunque técnicamente tendrás un cargo y una descripción del trabajo que debes desempeñar, tus actividades cotidianas probablemente variarán dependiendo del proyecto del día.

Puede que imaginaras que nunca llegaría el día en el que rellenarías sobres, recogerías las pizzas para el almuerzo, contestarías el teléfono  y presentarías una propuesta al Consejo de Administración, todo ello en cuestión de horas, pero la frase “Esto no figura en mi contrato ” nunca debe cruzar los labios. Ten presente que vas a estar llevando a cabo una variedad de tareas, tanto mundanas como desafiantes y debes estar listo y dispuesto a hacerlas.

Muchas empresas emergentes comenten el error de novato de centrarse en la forma en la que la Start-up los ayudará a ellos (y a sus currículos) en lugar de focalizarse en como ellos mismos pueden contribuir a la Start-up y a la sociedad. Una empresa con empleados ansiosos, que no están dispuestos a ser flexibles o poner como prioridad la empresa, fracasará rápidamente.

 

Si no estás marcando la diferencia e impactando en la vida de otras personas, no deberías trabajar en la empresa. Es así de simple.

– Mike Schiemer

 

  1. Los veteranos son mentores, no enemigos

La mayoría de las Start-up comienzan con unos pocos individuos brillantes y una idea. Pronto, pero con dificultades, encuentran algunos inversores y se rodean de gente inteligente y motivada (a menudo jóvenes) que se queman las pestañas por convertir su idea en realidad. Entonces, cuando la empresa comienza a obtener una bocanada de éxito, es momento de traer algunos expertos: profesionales con experiencia y permanentes que ayuden a llevar a la compañía al siguiente nivel.

Una vez que los veteranos suben a bordo, los empleados existentes pueden ponerse nerviosos, e incluso resentidos. Es normal, se han pasado trabajando 16 horas al día durante seis meses junto a ti, y de repente se encuentran con unos abuelos diciéndoles cómo hacer su trabajo sólo porque tienen un MBA, una destacada trayectoria y una red interminable de contactos en la industria.

Aunque tu mismo puedas sentirte amenazado, es importante recordar que estos expertos son tus potenciales mentores y es crucial hacerle ver este hecho al equipo original también. En las grandes empresas, estas personas serían totalmente inaccesibles, estarían atrincherados en una oficina bloqueada por una recepcionista y una máquina de café. Pero en una Start-up, podrás interactuar y aprender de ellos diariamente.

 

  1. Lo que la empresa te da también te lo quita

Las nuevas empresas se empeñan en incitar a los trabajadores a que abandonen las formalidades de oficina como la hora del almuerzo y el espacio personal. Cuando la empresa es relativamente pequeña, los ejecutivos ingenian todo tipo de beneficios para los trabajadores como horas felices, servicio de catering para el almuerzo o entradas para eventos locales. Pero a medida que la empresa crece, la dirección podría darse cuenta de que ya no pueden permitirse este tipo de lujos.

Una bebida gratis puedo haber sido alguna vez el único respiro en tu agitado día así que cuando desaparecen los regalos y las promociones, puede ser desalentador. Pero no temas, la desaparición de estos privilegios por lo general significa la llegada de los bonos más prácticos, como un seguro privado de salud.

 

  1. Es tu responsabilidad de evaluar el riesgo

Las empresas pequeñas pueden desaparecer muy rápidamente. Es uno de los riesgos inherentes al trabajo. Y si bien se puede suponer que, como miembro de un equipo pequeño, serás el primero en recibir las consecuencias, esto no siempre es el caso.

Si eres un interno o un analista financiero, es tu responsabilidad aprender lo más que puedas sobre el rendimiento y la trayectoria de la empresa desde el principio. Lee lo que dice la prensa sobre el negocio y sus inversores (una alerta de Google es ideal para esto) y mantente en contacto con la dirección para saber cómo están midiendo su éxito. Si las cosas empiezan ir cuesta abajo, querrás ser el primero en saberlo.

Es posible que a estas alturas hayas atisbado un tema general: Para trabajar en una Start-up será necesario que ajustes tu concepción de la jornada laboral. Los días serán más largos y las noches más cortas, tus responsabilidades serán variadas y debes tener presente que es posible que la empresa a la que has dedicado la mayor parte de tu vida para verla florecer puede desaparecer de la noche a la mañana. Pero si aceptas tu trabajo por lo que es (una prometedora oportunidad para aprender) y lo que no lo es (un negocio seguro) trabajar para una Start-up puede ser una gran manera de poner en marcha tu carrera y tu futuro laboral, ya decidas emprender por tu cuenta o trabajar para una gran multinacional algunos años después.

Si he hecho todo lo que he podido y aun así he fracasado. Bueno, lo he intentado todo lo que he podido.

-Steve Jobs

Fer AIESEC

28 de junio de 2015. Destino: Cracovia, Polonia. Maleta y billete en mano. Seis semanas por delante en un país en el que no había estado nunca, trabajando en un entorno universitario en el que tampoco había colaborado antes y sobre todo, una oportunidad que se planteaba como un auténtico reto.

En ocasiones le pregunto a amigos y conocidos cuál sería el aspecto más duro al que se tendrían que enfrentar si viajaran al extranjero y la gran mayoría convergen en la misma problemática: el idioma.

Qué tan imprescindible supone compartir una misma lengua para poder comunicarse con los demás. Sin embargo, durante mi experiencia en Polonia comprendí que, sin conocer el mismo idioma, la comunicación es posible. Es posible gracias al lenguaje no verbal, porque un dedo meñique y un dedo pulgar alzados pueden suponer un “teléfono” tanto en España como en Polonia, porque podemos saludarnos, despedirnos, reírnos solamente con un simple gesto, porque la pasión por otra cultura despierta en nosotros un interés por aprender un vocabulario mínimo en ese nuevo idioma y así saber decir “gracias”, “por favor” o “perdón”.

Llevé mi maleta llena de miedos, miedos no poder comunicarme con los demás pero una vez allí me desprendí de esas barreras, finalmente absurdas, para rellenar mi equipaje de vuelta con una mayor seguridad en mi mismo, con un mayor entendimiento cultural, con la confianza de que no somos tan diferentes como pensamos.
Y eso, amigos, eso es una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida.

Fernando Arnejo – AIESEC Santiago de Compostela.