Una experiencia para toda la vida

Sonia. Storytelling

Mi historia comienza un 25 de Junio de 2015, decidí montarme en un avión rumbo a la pequeña Sicilia – Italia – en busca de un objetivo y una motivación para cambiar el rumbo de mi vida. Sinceramente, no esperaba que fuese así de literal.

Aterricé por la tarde, a eso de las 14.00 h o así y en un autobús me dirigí a la capital de Sicilia, Palermo. Allí me esperaban varios miembros del comité para darme la bienvenida y llevarme junto a otros voluntarios de diferentes proyectos de AIESEC. UNA GENTE ENCANTADORA Y MUY ATENTA y con quién hoy en día aún mantengo contacto con otro motivo sino de amistad. Aquellos que en un principio, iban a guiarte terminaron contigo en la cabeza de la dirección.

Mi proyecto de voluntariado consistía en la Cooperativo Sociale di San Marco, escuela/campamento de verano para niños que tenían problemas familiares. Mi semana labroal se basaba en viajes a la playa,a juegos con los nis niños, ahogadillas, competiciones, barbacoas en el campo, pesca y vueltas y vueltas en los toboganes del aquapark. ¿Quién dijo que había que sufrir?

Realmente fue impactante algunas de las situaciones que llegué a conocer, impactantes pero moralizadoras. Niños que no tienen nada en la vida y que sin embargo, la aprecian y se aferran a ella con muchas ganas y alegría. Me han enseñado mucho de la vida, me han abierto los ojos y gracias a eso, hoy en día valoro mucho más lo que tengo y lo que soy.

Mi alojamiento se basaba en una casa de acogida, con niños que por motivos legales no podían vivir con sus padres y he de decir, que al poco tiempo de estar allí, esos niños e convirtieron en “mis hermanos sicilianos”. Es increíble esa sensación de comodidad e integridad en una casa que no es la tuya y que gracias a esos niños y su confianza puesta en mí, logré sentirla.

Por otro lado, toda la gente de AIESEC y voluntariosformamos un buen “grupo”, de esos que temporalmente son inseparables y hacíamos de todo: salíamos a cenar, viajabamos por la isla (Siracusa, Agrigento, Cefalu,Petralia…), acudimos a un Global Village donde la canción cumpleaños feliz fue cantada en más de 8 idiomas, esos baños nocturnos en la playa sintiéndonos libres y felices y esas ganas que teníamos siempre de sonreír y conocer gente.

Las seis semanas que allí pasé fueron un no parar de experiencias y momentos que nunca olvidaré.

Desde las conversaciones con los niños en el trabajo,el cariño y los abrazos que ellos me daban y la ternura que se respiraba, hasta aquellas largas tardes en la playa, en el tren descubriendo hermosísimos lugares, todos los sabores de helados que mi paladar ha podido conocer, la mejor pizza del mundo (pizza nazionale,ñam ñam ), la comida siciliana. No olvidar ese “maravilloso” transporte público que pasa cada dos horas y como vayas con prisa… cada tres. Todo esto junto es ese matiz que marca la diferencia entre lo que esperas vivir y lo que sientes cuando lo vives.
No hay duda que un voluntariado es una experiencia que llena el alma,enriquece los sentimientos y aún así, te deja con ganas de más.Por eso iré en busca de un otro proyecto no dentro de mucho.

Sonia Ortiz Colodro  –  AIESEC in Granada

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